Estando en vísperas del día de los Difuntos, me parece razonable dedicar a los que ya se fueron, un leve recuerdo, fugaz y luminoso, como el fuego fatuo que alumbra los cementerios.
Hablando de fuego, he recordado unos libros bastante antiguos que han recobrado sentido en estos tiempos y en los venideros.
Escritos por Larry Collins y Dominique Lapierre, que quizás recuerdes en los escaparates de las librerías, porque tenían títulos impactantes y realistas. ‘¡Oh Jerusalem!’, ‘El Futuro es Nuestro’. Y por parte de Lapierre, ‘El quinto Jinete’, ‘La Ciudad de la Alegría’, ‘Era Media Noche en Bohpal’. Junto a ellos trabajaba un joven autor –Javier Moro– que en la misma o parecida línea comprometida, documental y literaria publicó: ‘Senderos de Libertad’, ‘El Pie de Jaipur’ o ‘El Sari Rojo’, entre otras.
Quizá entre las obras más destacadas de estos autores sea ‘¿Arde París?’ Que trata de la orden que dio Hitler a su lugarteniente Choltitz, para que arrase la urbe cuando la Guerra estaba perdida y a punto de finalizar. Pero el general se limitó a recorrer las calles, los boulevards, monumentos y obras de arte y no quemó nada. Inquietado el dictador, que habría sido informado del desacato, envió un mensaje a Choltitz: «¿Arde París?»
De haberlo preguntado hoy, la respuesta sería: «Sí, y muchas más». Lo que aquel general nazi, no se atrevió a cometer, lo llevan a cabo hordas de violentos antisistema y foráneos que aborrecen el país que los acogió, ante la ataraxia de los poderes políticos. Dicen ser estudiantes, obreros, sindicalistas del terror y lo que en realidad quieren, es hacer daño, quemar, violar, asaltar comercios y agredir a todo el que se enfrente a su comportamiento salvaje.
Por lo visto son menores e impunes, pero delinquen como adultos y reinciden hasta que entran en la edad penal, aprovechando leyes obsoletas y buenistas que los facultan para socavar Europa. Sus concentraciones no son casuales, antes de que cualquier cuerpo disuasorio se presente, como las fuerzas del orden, ya se han plantado. Alguien coordina y paga a los violentos –piénsalo–. Incluso hay políticos, aquí, en nuestro país, que los instigan.
La barbarie se ha convertido en un movimiento generalizado que rebasa todas las fronteras y concita a inmigrantes, proetarras, separatistas, profesionales del crimen, que dejan muertos a sus espaldas y en las calles.
Lo mismo que ocurre en París pasa en Bélgica, Italia, Reino Unido, Dinamarca y se llame como se llame, es lo que se ha producido, fomentado y consentido con la invasión del Sahara español, de Ceuta y las aguas jurisdicionales españolas. Más lo que siga llegando.
Ya no es París la que arde. Es España, mientras nuestro gobierno hace el memo, besando, cantando y bailando en sus fiestas pagadas con dinero público, aunque el pueblo llano no está para fiestas, ni tiene nada que celebrar, salvo que Sánchez se fuera a j... a otros.
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