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Frutas infieles

19/04/2026
 Actualizado a 19/04/2026
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Si usted quiso comprar una memoria RAM en los últimos meses sabrá que está a precio de cocaína. La razón es bien sabida: su uso para la Inteligencia Artificial ha convertido este equipamiento informático en un bien preciado. La cuestión (acaso igualmente sabida, pero de la que no se habla tanto, como del elefante en la habitación) es para qué se usa. Sí, para trampear los trabajos académicos de jóvenes y adolescentes, para las herramientas de los ‘criptobros’... y para las subnormalidades de la IA generativa.

Reconozco haber contribuido a todo ese ‘slop’, como denominan los anglosajones a la bazofia generada para su distribución en internet. Fotos y también vídeos que se comparten en cuentas de YouTube o TikTok y cuyo principal consumidor, según las métricas, es nuestro amadísimo país. En mi caso, ha sido para la elaboración de memes de consumo interno, pero que seguramente han contribuido al desecamiento de varios humedales y al malestar de niños sedientos, según ese relato que sostiene que la IA necesita de ingentes recursos hídricos para enfriar los servidores a punto de explotar por vídeos de gatitos haciendo bailes ridículos.

En vez de expandir el conocimiento humano, los avances tecnológicos han sido empleados, una vez más, para la imbecilización colectiva. Una de las manifestaciones más características de esto son los vídeos de frutas infieles. En ellos, al modo de los culebrones, diversos frutos y hortalizas se enzarzan en relaciones románticas, rupturas, puestas de cuernos, embarazos no deseados, bebés robados… Un formato viral basado en microdramas absurdos protagonizados por frutas humanizadas que acumulan millones de visualizaciones en redes sociales. Al menos, en las telenovelas había una industria detrás que, como en el caso de Venezuela, requería de una cierta creatividad para prolongar diariamente, durante años, historias que enganchasen al espectador. En el caso de las frutas infieles sólo se requieren unos pocos minutos, por parte del ‘creador’, y la desidia que trae consigo el laberinto del ‘scroll’ infinito -el cual no deja salir a una población embrutecida por el móvil-, por parte de quien lo contempla. Quien diga que no se pueden perder puntos de Coeficiente Intelectual de golpe es que no conoce este submundillo.

Luego vienen las quejas. La desertificación del mundo. La caída en el nivel de atención. La incapacidad para entender y procesar ficciones complejas. El mirar hacia el pasado con una mezcla de incomprensión y miedo, mientras se camina supuestamente feliz hacia el acantilado con el vídeo del plátano que dejó embarazada a la naranja.

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