03/02/2026
 Actualizado a 03/02/2026
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Cada día nos encontramos con una variedad de frases difíciles de asimilar, máxime en este tiempo en que casi todo nos viene dado en origen. Siempre había alguna persona que, con una creatividad de erudito ilustraba, ante los que en su cercanía se encontraban, soltando frases magistrales que, aún sin figurar en los mejores diccionarios, quedaban para la historia local por lo menos.

Siempre sobresalen las emitidas por personajes famosos aunque carezcan de contenido, con tal que suenen a rimbombantes ante la ciudadanía. Estoy seguro que determinadas frases, como la mayoría de los discursos pronunciados por personalidades políticas unte un auditorio afín al personaje, han sido confeccionadas por los llamados gabinetes de prensa, también conocidos por «negros» al servicio de quien paga.

Yo, que como he manifestado algunas veces en relación con lo que escribo, no soy escritor sino que trato de contar cosas en las que he participado o vivido, sin otra pretensión que la de hacer participes a los que tienen la amabilidad de leerme sobre lo sucedido en aquellos tiempos en los que, aunque ya transcurridos, nunca serán olvidados, y según una célebre frase atribuida al poeta romano Marco Valerio: «Recordar es vivir dos veces». Me identifico totalmente con ella, aún a riesgo de excederme en los recuerdos, mientras la memoria no me falle, cosa que hasta la fecha me viene respetando, si bien con algunos excesos en repeticiones inconscientes.

Rara es la conversación que no se inicia con un: te acuerdas de cuando…, para, de esta forma, dar entrada a quienes te acompañan en tertulias enriquecedoras, generalmente en las barras de los bares, como indiscutibles universidades del pueblo llano donde no se exige titulación alguna para formar parte de las mismas.

Como esto está relacionado con algunas frases que dejaron huella, me voy a referir a una que leí hace nos días pronunciada por el conocido, actor y director, Russel Crowe, neocelandés conocido entre otras famosas películas, por ‘Gladiator’, cuando manifestó que «estoy harto de que los famosos usen su fama para promover una causa. Deja un cheque en un sobre en el lugar correcto y cállate», (por esta frase sí que merecería, sin duda alguna, un Oscar). Aunque no le conozco personalmente, y por si llega a sus oídos (que no creo), me quito el sombrero aún a riesgo de mojarme con el agua de la lluvia la cabeza y que, como dice un celebérrimo refrán español: «Obras son amores y no buenas razones». Más claro que el agua limpia.

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