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Faltar al respeto

05/10/2025
 Actualizado a 05/10/2025
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No me gusta el fútbol, no sé nada de él y nunca se me dio bien jugarlo. No entiendo este esfuerzo reciente por dignificarlo y convertirlo en un fenómeno de la 'cultura popular'. En resumen, me parece una gañanada. Ahora bien, si me preguntas, expresaré con vehemencia ideas sobre el balompié sobre las cuales no tengo ni idea. Ensalzaré a la Cultural y Deportiva Leonesa por encima de cualquier otra cosa y atacaré de manera furibunda a sus rivales, especialmente al Valladolid (paso de ponerle cualquier otro adjetivo delante a ese ya de por sí nefasto nombre), el cual fue humillado en su propia casa de manera dolorosísima y vergonzosa por nuestros chavales.

Hace poco vi un vídeo de unos 'podcasters' argentinos que sostenían que cuando se habla de fútbol se debe hacer faltando siempre al respeto del interlocutor y defendiendo que la única posición válida es la propia. La tesis, sostenían, era que bastante 'poronga' es ya la vida para los pobres como para tener que estar introduciendo matices, como hacen los periodistas millonarios de la televisión. Que ese deporte es una válvula de escape (totalmente estúpida, añado, aunque perfectamente válida) para todos los problemas de una vida de mierda. Me tuve que sentar, primero, para levantarme, después, aplaudiendo. Ni 200 Habermas ebrios de democracia deliberativa podrían haber alcanzado tal grado de iluminación.

El consenso que rumian en la boca los poderosos últimamente tiene una clara intención: anular los puntos de vista que no sean los mayoritarios o sumarlos a la amalgama de lo 'mainstream', de la 'current thing'. El fútbol, cuya estructura mental se ha demostrado tan nefasta al contagiarse a aspectos como el debate político-ideológico, es ajeno a estas dinámicas. No le puedes pedir a alguien que racionalice por qué es del Athletic de Bilbao ni exhortarle a que rinda cuentas por un equipo que jamás condenó ninguno de los asesinatos de ETA. Tampoco le puedes echar en cara a los seguidores del Atlético de Madrid todos los aficionados rivales asesinados por hinchas rojiblancos. No funciona así. Ni los silogismos ni los argumentos lógicos tienen cabida. Estamos en el reino de "porque lo digo yo y punto".

Habrá quien diga que esto es la antesala de la tragedia, que exponga que la guerra de Yugoslavia fue, en realidad, una pelea de 'tifosi' del Partizan y el Dinamo que se fue de las manos. En circunstancias normales podría caber esa posibilidad, pero estamos hablando de fútbol. Entonces, el único contraargumento posible es reírse de esa persona a la cara, avisar a otras personas y repetirles la tontería que ha dicho y soltar un par de insultos gratuitos. Toda una gañanada.

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