david rubio

Esa sombra es mía

Periodista
20/09/2026
 Actualizado a 20/09/2026
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Se puede calcular lo rápido que ha cambiado la sociedad por el tamaño de los árboles que hay en las calles. Los plátanos de sombra, los tilos, los castaños de Indias, las acacias o los chopos que aún sobreviven en León necesitaron décadas para alcanzar ese porte: entre quince y veinte años los más rápidos y treinta, cuarenta o incluso más los que forman esas pompas verdes que dibujan los niños y consideramos parte de nuestro paisaje urbano. Hoy sería imposible plantarlos. Mucho antes de que den sombra ya hay una plataforma de vecinos emitiendo una nota de prensa y exigiendo que los talen porque quitan la luz a los salones de Ikea, llenan de hojas los coches chinos o vete tú a saber si permitiendo que los ladrones trepen hasta las ventanas, vete a tú a saber si inmigrantes. Sin tiempo para una pausa de hidratación, surge otra plataforma, integrada por algunos de los mismos vecinos (he aquí el transtorno del poliofendido), denunciando que el Ayuntamiento no planta árboles y que León necesita más zonas verdes.Al parecer, aquí todo el mundo sabe lo que es un alcorque.

Lo profetizó Verderón: «En el club del ofendido hacen negocio contigo». La maquinaria de ese club está ahora tan engrasada que en cualquier debate, los árboles y sus sombras, el fútbol, la política, el día que vendimiar... se pasa por menos de nada del cero al hijo de puta. La euforia colectiva se celebra insultando al presidente del Gobierno, como se canta alcohol, alcohool, alcohoool... Todo un himno intergeneracional. Las voces más afinadas son las de los jóvenes que se han gastado el dinero del bono cultural en estar allí. A falta de educación, la evidentey la que señalan todos los indicadores, se requieren soluciones básicas, así que como mínimo habría que intentar que volvieran los complejos, vía plaga bíblica o inteligencia artificial, para regular un poco la superpoblación de sobrados. Han sido demasiados años de libros de autoayuda. El huevo y la gallina, otro debate que zanjar por las bravas. 

El hijo de puta por delante suele venir de bocas de quienes más practican el hijoputismo, un gran término acuñado porGabrielRufián. El mundo está hijoputecido. Rabiado. Canibalizado. Toda la gente parece cabreada. Será que folláis poco, como en su día argumentó el ahora candidato de Podemos en Madrid, ese leonés ejemplar que nos llena a todos de esperanza al ver que la cultura del esfuerzo da resultados.El poliofendido no domina la intensidad de sus cabreos, así que a veces resulta imposible diferenciar si el enfado es por un candidato, como es el caso, por un árbol, un penalti, un carril bici o por la invasión de Ceuta. La indignación se ha convertido en la principal actividad de ocio de una sociedad que, pese a la abrumadora oferta, no sabe muy bien qué hacer con su tiempo libre y ha decidido emplearlo en vigilar lo que hacen los demás. Al final estábamos todos mejor viendo la tele.

El debate de los árboles nos lleva irremediablemente al debate de las sombras y ese es un asunto tan delicado como hablar de herencias a los postres. No hace falta llamarlas refugio climático y convertirlo en otra bronca política para que se pase rápido del cero al hijo de puta. Las sombras tienen propietarios físicos y propietarios morales. Hay sombras privatizadas, sombras externalizadas, sombras recalificadas, sombras heredadas... En los pueblos, durante los meses de verano, la conquista de las sombras para aparcar el coche se convierte en el principal foco de conflictividad vecinal.¡Esa sombra la hace mi casa así que es mía! Se discute por las sombras lo que antes se discutía por las sebes, otro debate que quedó zanjado desde que aparece un listo que se conecta a la página del Catastro y dicta sentencia. De sebes impartió lecciones esta semana el PSOE, supongo que para recuperar la esencia de las viejas broncas.Aunque tenían pinta de acabar de descubrirlas en un reel, en realidad esta vez saben bien de lo que hablan: llevan tejiendo sebes para delimitar sus parcelas toda la vida. 

Por si tuviéramos poco con los árboles, sus sombras, las sebes, los candidatos, la crisis de Ceuta, la falta de comprensión lectora y el cambio climático, por aquí nos hemos adentrando ahora en el debate definitivo, lo mollar, la cuestión de fondo, un encuentro multidisciplinar de ofendidos: ¿cómo se viste uno de leonés? No es asunto menor. Se ha montado la enésima bronca por unas sugerencias sobre la indumentaria de los participantes en el próximo desfile de carros engalanados. Porque yo, faltaría más, me visto de leonés como quiera. ¿Y cómo quieres? Pues como me dé la gana. ¿Acaso nadie lo vio venir tratándose de una fiesta que exalta el carácter leonés? Todo muy tradicional y enternecedor, pero se asumen riesgos. Fervor es casi sinónimo de ofendido. Pero por necios que nos pongamos para ser más de León, todas las discusiones, sean de lo que sean, terminan hoy en el mismo lugar. Eso sí que es una buena bronca. Allí lo que no vieron venir fue una avalancha, aunque El Faro de Ceuta lo llevase titulando una semana en portada.Luego que si la prensa local nunca cuenta nada interesante. 

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