david rubio

El rebusque

Periodista
03/04/2016
 Actualizado a 16/09/2019
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Uno de los recuerdos más nítidos que tengo de mi aún cercana infancia («yo soy un niño todavía, y más que me queda, seré un adulto cuando proceda», rima el gran Kase O) es el de ir al rebusque la mañana después de la fiesta del pueblo. Mis amigos y yo nos creíamos que habíamos inventado nosotros esa palabra, rebusque, como años después creíamos que nos habíamos inventado la palabra botellón cuando se nos ocurrió llenar los maleteros de bebidas para ahorrarnos dinero. El único día del verano que no nos importaba madrugar encontrábamos entre los restos de la fiesta tesoros que pocas veces eran algo más que un mechero o unas monedas, pero que nos tenían entretenidos toda la mañana revolviendo entre los plásticos, los vasos rotos, las botellas vacías y lo que ahora, en los entornos de los vertederos, llaman técnicamente lixiviados. Imaginando lo que habría pasado durante la madrugada, cuando a nosotros ya nos habían mandado a la cama para soñar con lo que nos estaríamos perdiendo, limpiábamos la pradera de la fiesta para que se pudiera disputar allí mismo un corro de lucha leonesa. No es que la fiesta y el deporte fueran actividades precisamente contrarias, ya que en muchas ocasiones los que habían estado de fiesta por la noche se convertían en luchadores a la tarde siguiente. Sin saber aún lo que era una resaca, descubrí la sensación de lo que pueden cambiar un escenario la presencia de luz y la ausencia de música, una sensación que tiempo después encontré en una canción de Nacho Vegas: "Soñé que el mundo era otro lugar; yo entraba en un chalet y percibí aquel hedor y vi un cuerpo hinchado y flotando boca abajo en la piscina, creo que era Miguel Bosé, y unos metros más allá Víctor y Ana mirando". En torno a esa incómoda sensación gira el acuerdo que esta semana alcanzaron el Ayuntamiento y la Universidad de León para regular las fiestas de las facultades: sólo podrán beber los mayores de edad, habrá controles de alcohol y drogas, se repartirá paella y se instalará una discoteca móvil.Igual que mis amigos y yo nos creíamos inventores del rebusque y el botellón, parece que ellos se creen los inventores de lo que toda la vida ha sido una fiesta de pueblo. Les faltó elegir el repertorio musical, que han decidido dejar a la organización del evento ya que, visto su carácter innovador, podrían volver a sonar ‘Los pajaritos’ de María Jesús y su Acordeón. El problema aquí reside en que, para llegar a tan sesuda decisión, los responsables de la Universidad y los del Ayuntamiento se han tenido que reunir, debatir y dedicarse acusaciones y titulares de muy dudoso gusto. Coincide que, por pura casualidad (no sea usted conspiranoico), la próxima fiesta universitaria se celebrará el mismo día en que se repetirán las elecciones a rector.Se tienen que celebrar de nuevo por un quítame allá esas comas en la ley electoral, no porque los proyectos que presentan los dos candidatos sean tan inútilmente atractivos como los programas de las fiestas de pueblo. Su caso resulta una metáfora de lo que pasa en el Congreso de los Diputados, todos tan preocupados por nosotros y no por su tajada de poder. El caso del Congreso de los Diputados resulta una metáfora del rebusque entre el hedor de los restos de una fiesta que tampoco fue la nuestra. Es lo que me suele pasar con las metáforas, que se me van de las manos.

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