david rubio

El día más intenso de mi vida

Periodista
17/04/2016
 Actualizado a 14/09/2019
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Recuerdo perfectamente cada instante del día más intenso de mi vida. Llegué a Madrid en autobús, cogí un taxi y me personé en la librería Crisol de Juan Bravo. Allí me esperaba mi tío Julio, que presentaba un libro titulado ‘Cuentos de fútbol’ con Mario Benedetti, José Luis Sampedro, Manuel Vicent, Rosa Regás, Manuel Rivas, Javier Marías... La alineación la había confeccionado el que entonces era entrenador del RealMadrid, Jorge Valdano, cuya presencia intuí por el estruendo de fotógrafos subiendo a carrera por las escaleras que apuntaron sus objetivos hacia las puertas del ascensor. Salió el argentino entre flashes y dijo: "Yso hago lo que diga Juan Crus". Luego comí en un lujoso restaurante de la Castellana con todos esos escritores a los que tanto admiraba y admiro, con algunos periodistas a los que entonces admiraba y ya no y con la que en aquel momento era ministra de Cultura, CarmenAlborch, que se quedó prendada de un collar que me había hecho una hippie de mi pueblo, supongo que porque ella era la hippie del gobierno. En la presentación del libro se habló de la extraña relación entre la cultura y el deporte, de los tópicos y los prejuicios, de cómo algunos futbolistas despreciaban a Valdano llamándole intelectual y de cómo algunos escritores consideraban a los futbolistas animales de bellota que no habían tenido entre las manos más libros que el de la auto-escuela. "Este libro es un encuentro para el músculo y el pensamiento con la intención de que vayan perdiendo la desconfianza que se tienen", dijo entonces Valdano.Recuerdo ahora aquellas palabras a propósito del desencuentro surgido esta semana enLeón sobre el traslado del conservatorio de música al campo de fútbol, que ha encendido los ánimos de alumnos, padres, profesores y de ese amplio sector de la población leonesa que está en contra básicamente de cualquier cambio, para demostrar un carácter reivindicativo que, luego, nunca tiene su reflejo en las urnas. Sin entrar en el evidente hecho de que la Junta tiene dinero para construir nuevos conservatoriosen todas las provincias de la comunidad menos en León y en Zamora, sin entrar en el evidente hecho de que la Diputación obliga a desalojar el actual edificio para dar un pelotazo urbanístico como los se hacían aquí antes, sin entrar en el evidente hecho de que el Ayuntamiento construyó un campo de fútbol como todo lo que se hacía aquí antes, es decir, "muy por encima de nuestras posibilidades", me resulta incomprensible la humillación que para los músicos supone compartir edificio con futbolistas, aunque éstos jueguen en un equipo llamado Cultural y en ocasiones salgan al campo vestidos de smoking. El fútbol, al parecer, es una actividad más propia del extrarradio, protagonizada por horteras con pendientes y tatuajes a los que gritan descerebrados desde la grada. La música, en cambio, es para el centro, para sensibles intérpretes a los que aplauden desde los palcos sensibles espectadores. El mensaje compartido de ambos, lo de ser puente entre clases sociales a las que inspiran tolerancia, respeto y esperanza, aquí lo cumple el que menos lo parece. Lástima que no todo el mundo tenga un día tan intenso como el mío para aprender que se pueden unir pensamiento y músculo. Yo, que entonces era futbolista y quería ser escritor, acabé aquel día tomando una copa en elChicote, interviniendo en El Larguero y, antes de ir a la cama, me vi en la televisión hablando con Valdano, como si nos conociéramos. Supongo que le estaría diciendo que se dejase de intelectualidades y que sentara en el banquillo a Luis Enrique.

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