«Quien no estrena en Domingo de Ramos, se queda sin pies ni manos». Es una frase que tengo en el recuerdo desde cuando eras joven y esperabas ese día para mostrarte ante tus amigos y amigas, cual galán recién estrenado, esperando que el tiempo, como en las corridas de toros, no lo impidiera.
Según he leído, referido a esta buena costumbre extendida en España, el Domingo de Ramos viene de un antiguo hábito o práctica social mantenida en el tiempo, y transmitida en la actualidad de generación en generación. Aunque eran fechas de vacaciones escolares, nosotros lo que peor llevábamos eran las prohibiciones de ir al cine salvo para ver, de un año a otro, las mismas películas en blanco y negro llenas de cortes, sobre la pasión de Jesucristo, con un doblaje mexicano infumable que, más que dar pena, lo que te producía era risa ente la chavalería al ver a Jesucristo hablar con un tono denominado como ‘cantadito’, derivado del español.
Consecuentemente, sin cine ni baile, cuando eras mayor, las tardes, sobre todo, del Jueves y Viernes Santo, te las pasabas paseando por Ordoño II, que era por donde también lo hacían las chicas mostrando los estrenos de ropa en competición con las amigas, o comprándote un bocadillo de calamares en el bar San Román o en el Sevilla con lo que te habías ahorrado por no ir al cine. Al vivir en un estado confesional las fiestas de celebraban de esta manera.
El ir en pandilla y sin clase hacía que las tardes las disfrutaras viendo las procesiones a la espera de que llegara el Domingo de Resurrección, que era cuando los esperados estrenos se plasmaban en las pantallas sin más limitaciones que las que la censura imponía cuando no tenías la edad exigida.
Muchas cosas pasaban en esas fechas en que disfrutabas de las vacaciones que te hacían disfrutar de esos días sin pensar, como ocurre en todo periodo vacacional, en la finalización de las mismas, así como el reencontrarte con los temidos libros, los cuales no habías vuelto a mirar desde el día que te dieron las vacaciones.
En un principio el día de jueves Santo solo era festivo medio día. El Barrio Húmedo adquiría un protagonismo especial al ser un centro juvenil donde, aunque no estaba tolerado, se llevaban guitarras y se ‘mataban judíos’, tradición leonesa referida a beber limonada de vino sin ninguna connotación antisemita, y de larga tradición en León. Mientras, se entonaban canciones populares, una costumbre que en la actualidad, no sé si se sigue manteniendo.
Algo que cada año constato es la masiva asistencia de personas viendo las procesiones tanto de aquí como visitantes, contraviniendo aquellos comentarios que entonces se hacían referidas a que la gente, cuando no hubiera prohibiciones, no iría a las procesiones. En fin que los niños, como nosotros entonces, van luciendo la palma conmemorando la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, dando comienzo a la esperada Semana Santa.