Son días en los que cambiamos el saludo habitual de los bueno días, o el hasta luego, por el de ¡chico, que calor hace! La verdad es que los que somos mayores, por ser benévolos con la expresión, conocimos aquellos veranos tórridos en que el aire condicionado creíamos que era un viento llegado de la montaña y que aquí se transformaba con unos ventiladores que hacían el ambiente más llevadero en los hogares y demás lugares habitables. Las barras de hielo adquirieron un protagonismo notable en aquellas neveras que proporcionaban frescor en las bebidas y refrescos que por entonces se consumían, tanto en los bares como en los hogares. Por los años 50 y 60, antes de popularizarse entre la ciudadanía los frigoríficos, el calor se combatía con las citadas barras de hielo que normalmente se vendían por los repartidores de gaseosas, normalmente en carros de tracción animal, o en la famosa y útil “isocarro” o motocarro, como así se les conocía, popularizada para el reparto y venta de los diferentes artículos que se ofrecían. Había que hacer cola en los lugares en los que se fabricaba el deseado hielo para poder llevar una o media barra para las casas y, de esta manera, aliviar la sed mediante la gaseosa con algo de vino a la hora de comer. La llegada de los frigoríficos fue como (nunca mejor dicho) un soplo de aire fresco. En los locales públicos se tiraba de ventiladores con unas grandes aspas en el techo que, aunque no daban mucho aire fresco, era más barato el consumo de energía. En verano, además de otras alternativas estivales, a mi amigo Albino y a mi, nos seguía gustando asistir al cine a la sesión de las cinco de la tarde que era cuando menos gente acudía y podías elegir los asientos sin tener que aguantar a nadie en los lados, para mayor comodidad. Algunos cines se anunciaban con aire acondicionado durante la proyección. En esto, creo recordar como los primeros el cine Azul, en Ordoño II, lo cual consistía en unos armarios frigoríficos a los lados de la sala que, además de un ruido considerable mientras se proyectaba la película de turno, refrescaban aceptablemente a los asistente en esos días de calor insoportable que te impedía andar por la calle esas horas si no tenias otras alternativas. Después llegaron los cines Abella y Pasaje, con unas mejoras en la proyección aunque, sin climatización en los cines si no me equivoco, con mayores pantallas, butacas más cómodas y estrenos actuales, rompiendo de esa forma el monopolio que hasta entonces la empresa ELDE (Empresa Leonesa de Espectáculos) ostentó y que tantas alegrías nos dio hasta su cierre. Ahora nos llega San Juan esperando que nos siga acompañando el buen tiempo.
Días de calor y refrescos
16/06/2026
Actualizado a
16/06/2026
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