18/01/2023
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«Ganar, ganar, ganar y volver a ganar». Esta fue la arenga, este fue el lema, este el impulso de Luis Aragonés para que España fuera campeona en aquella Eurocopa. Un buen discurso, un discurso de un líder, un discurso propio y adecuado en la élite, para las élites. Han trasladado a la vida, a nuestras vidas, este espíritu de competición, para el que sólo vale resultar ganador. Se ha olvidado, se desprecia el espíritu solidario, el verdadero espíritu que nos hizo triunfar como especie, como humanos. «La vida es una selva en la que sólo sobreviven los más fuertes». Esta cita es de Hitler y es el ‘live motive’ de las grandes multinacionales, de los altos ejecutivos. Ese es el mundo que están construyendo. Un mundo de ganadores en el que sólo ganan ellos porque nos han inoculado esa ansia por ganar, por competir, aunque sólo sea ganar al compañero, solo competir con el de al lado. Tienen el banquillo lleno de suplentes calentando dispuestos a aprovechar los minutos si alguno se lesiona. Y además, han conseguido anestesiar nuestra capacidad de rebeldía, cualquier amago de defender nuestra dignidad porque, como en la vida sólo gana uno, como el resto somos perdedores, hemos perdido el coraje para levantar la voz, para alzar la protesta contra este mundo de más productividad, de más beneficios, en el que más ganan unos pocos, con menos costes, a coste de todos los que creyendo ganar, hemos perdido los más valiosos valores que poco tienen que ver con llegar el primero. Por favor, lean este breve texto de Pasolini y reflexionen.

«Pienso que es necesario educar a las nuevas generaciones en el valor de la derrota. En manejarse en ella. En la humanidad que de ella emerge. En construir una identidad capaz de advertir una comunidad de destino, en la que se pueda fracasar y volver a empezar sin que el valor y la dignidad se vean afectados. En no ser un trepador social, en no pasar sobre el cuerpo de los otros para llegar el primero. Ante este mundo de ganadores vulgares y deshonestos, de prevaricadores falsos y oportunistas, de gente importante que ocupa el poder, que escamotea el presente, ni qué decir el futuro, de todos los neuróticos del éxito, del figurar, del llegar a ser... Ante esta antropología del ganador, de lejos prefiero al que pierde. Es un ejercicio que me parece bueno y que me reconcilia conmigo mismo. Soy un hombre que prefiere perder más que ganar con maneras injustas y crueles».

Y la semana que viene, hablaremos de León.
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