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De Marruecos, no de la Habana

01/07/2015
 Actualizado a 13/09/2019
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Niños, salid del agua. Borja, Jeni, Christian, Vanesina... que salgáis. Y poneos la toalla.

Gran alboroto en la playa. Mientas los guiris se tuestan al sol, las madres se apresuran a sacar a sus niños del agua.

A lo lejos, un cuerpo veloz y oscuro se acerca de alta mar hacia la costa y, alertados por los chillidos, los bañistas salen de su sopor, imaginando una extraña ballena o tiburón. Como la inquietante película de Spielberg.

Pero se trata de una zodiac que, a gran velocidad y a plena luz del día, atraca junto a la orilla y empieza a descargar grandes fardos de marihuana, procedentes de la costa africana.

Ante el estupor de algunos, llama la atención la frialdad de los lugareños, acostumbrados a ver cada semana el mismo espectáculo. Se escuchan insultos: ¡Sinvergüenzas, asesinos! Y otros. Pero la descarga sigue implacable. Esto es intolerable.

¿Dónde está la guardia civil? –se preguntan–. Y un superior, dice en televisión, que no dispone de medios para impedirlo.

Será que los guardias están en las carreteras, acribillando al conductor por su propio interés y por el de las compañías aseguradoras que no quieren pagar desperfectos.

Mientras esto sucedía, en la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, se celebraba un acto. Un organismo participado por empresarios, banqueros, gente del fútbol, las eléctricas, periodistas... en presencia de la reina Sofía.

Una paradoja que mientras la droga entra a la luz del sol de Algeciras, se pretenda combatir desde un lujoso despacho por unos señores ricos y encorbatados.

Quizá, entre las muchas consecuencias del narcotráfico, como los chorizos enchironados por «atentar contra la salud pública», esté el interés por los grandes negocios y sus tentáculos en las redes de prostitución, tráfico de armas y, mafias.

Y de paso... crear organismos como la citada Fundación para aparentar que hacen algo, mirarse la barriga y hablar del negro futuro para Jeni, Vanesina o Borja.
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