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De León y otros telares

18/05/2016
 Actualizado a 15/09/2019
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El homenaje a León por parte de la Junta, como reconocimiento de ser cuna del parlamentarismo europeo, llega tarde. Años después de que la Unesco la reconociera como patrimonio de la Humanidad.

En realidad es, un caramelo con que la Junta quiere engatusar a los leoneses y que no ha servido para nada.

En buena lid, por historia y tradición, el hemiciclo autonómico debiera estar en la capital leonesa pero, intereses ajenos y el sometimiento de nuestros representantes a los dictados de unos partidos que deciden desde lejos, nos han relegado a la marginación y al anonimato.

Así se reinventa la Historia y los leoneses, no teniendo quien nos defienda, tenemos quién nos manque.

Como adalid de la defensa de León, se postula la UPL. Una formación, con demasiadas adherencias derechistas, desde su nacimiento con Morano y defunción con De Francisco.

Pero el verdadero sentimiento de ser leonés, no está en los partidos. Hay que buscarlo en la gente, en la calle, los pueblos y nuestra habla.

Palabras como mancar, güelu, capudre, capilote o los míos praos, son reprimidas por el sistema educativo de la Junta, la Fundación Villalar, el Instituto cyl de la Lengua y otros telares que sostiene la Junta.

Deberíamos sentir vergüenza de que sea un eurodiputado valenciano quien pide atención y respeto para el dialecto leonés (astur-leonés, lo calificaba Menéndez Pidal).

En cuanto a la riqueza de la toponimia, también se ha prostituido, aunque quedan personas que aún reivindican los nombres de sus pueblos. Nugareyas, Cuiñas, Carrizu la Ribera, Truitas...

Algo más importante que las pegatinas de UPL, con que León no es Castilla. La última de estos autodenominados leonesistas, que vuelven a las andadas, ha tenido lugar en Villaquilambre, dando la mayoría absoluta a Manuel García, del PP que, para celebrarlo, se sube el sueldo.

Pero en Villaquilambre, como en todas partes, los que trabajan, educan, sanan, velan por el orden o hacen carreteras son los verdaderos protagonistas de una ciudad para la convivencia… y los alcaldes, cortan la cinta inaugural. ¡Qué cuachu!
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