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Danzad, danzad, malditos

Periodista
11/10/2015
 Actualizado a 07/09/2019
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Si hay algo que nunca sospeché en esta vida es deberle un favor a Soraya Sáenz de Santamaría. Desde esta semana se lo debo, por motivos que no vienen al caso y que quedan entre ella y yo porque soy un caballero y porque nunca los entenderían los que hablan de libertad de expresión con la boca llena de vinos y gominolas. Le estoy muy agradecido a Soraya y yo, cuando estoy agradecido, soy muy generoso. Estoy dispuesto a bailar con ella si hace falta, un baile de esos que tan bien se le dan a pesar de ser totalmente improvisado, como cuando en las películas musicales el protagonista se declara a la protagonista y en ese momento sale una horrenda sintonía por las alcantarillas y todo el instituto ejecuta milimétricamente una horrenda coreografía. Incluso mantendré, si me lo pide, una prudente distancia para quede lejos parezca tan alta como parecía esta semana al lado de Pablo Motos. Pero si la vicepresidenta me deja escoger, en vez de ese estilo de hotel de Benidorm que ya ha demostrado tener dominado treinta años antes de la cuenta, ella y yo bailaremos riguitón, pegado y sudado, un género al que, como a ella misma, nunca pensé entregarme, pero que, como a ella misma, no me ha quedado más remedio que ceder después de años y años de plantarle intelectual resistencia. A Soraya no se le pone nada por delante y menos en época electoral. Para demostrarlo, en los archivos está aquel posado para El Mundo que una chirigota gaditana resumió con un verso letal: «Cualquiera que de leyes algo entienda, sabe que esa postura es para una enmienda». Con la fecha que ha elegido Rajoy para las elecciones, el baile va a ser muy importante en la campaña electoral, como ocurrió en la reciente votación de los catalanes contra su ombligo. Supongo que el sabio de Mariano no ha elegido esa fecha pensando en que por entonces estarán aquí muchos de los españoles que residen en el extranjero, ante los que va a tener que bailar muñeiras para convencerles de que le voten. Sólo de pensarlo, la imagen ya resulta espeluznante, pero el escalofrío se completa con el temor de que la moda (ya se sabe que los políticos son muy de modas y que entienden por una moda, por ejemplo, la transparencia) se extienda a los políticos leoneses y terminemos viendo sobre el escenario a un King África en versión berciana. Temo también la posibilidad de que, en algún lugar de este país, se esté ya gestando un villancico electoral que nos dé a todos los españoles motivos para emigrar o para declarar la independencia sin plebiscito. Entramos en una época en la que, si se lo pides, los políticos van por ti a las reuniones de la comunidad de vecinos. Así quedanzad, danzad, malditos. A ver si para evitar que alguno desbarre, la vicepresidenta me concede este baile y marcamos tendencia. Suavecito, So.

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