Hace algunos años postulé sin éxito mi hipótesis sobre el motivo de la crisis: los recortes había provocado una migración descontrolada de periodistas desde la sección de Deportes a la sección de Economía. Eso provocaba que nos llovieran cifras todas las mañanas y que nos tuviéramos que echar las manos a la cabeza al conocer datos que hasta entonces no sabíamos que existían.Ahora, cuando suspenden un partido de la selección española y veo que, para aprovechar el viaje a Bruselas, los periodistas de Deportes terminan informando sobre terrorismo, veo un poco más cerca la tercera Guerra Mundial. Realmente, hablan con conocimiento de causa, como de todo lo que hablan en general, pues ellos mismos, en muchos de los casos, llevan años practicando el terrorismo informativo. Uno de los errores más comunes de los periodistas es creer que la noticia empieza en el momento en que ellos llegan y termina en el momento en que ellos se van. Es algo parecido a lo que les pasa a los presidentes que creen que todos sus problemas (y sus problemas no se reducen al terrorismo, sino que lo que verdaderamente combaten es su caída en las encuestas ante el previsible aumento de la extrema derecha) se concentran justo donde ellos lanzan las bombas y van a desaparecer con ellas. Es también algo parecido, salvando las insalvables distancias, a lo que les pasa a los alcaldes que deciden que su ciudad está de moda justo cuando toman el bastón de mando, así, como si fueran Lady Gaga y pudieran decidir, por decreto de Alcaldía, lo que nos vamos a poner el verano que viene. Cegados por los focos, periodistas y políticos creen que sólo ocurre lo que ocurre ante sus ojos, lo que sirve para hacerse una fotografía amable o para poner un titular rimbombante. Surge el debate y la patada suele ser para el mensajero. Alguien, por lo general lector de Le Monde Diplomatique o del Herald Tribune, suele concluir para justificar su propia ignorancia que el problema es que aquí la prensa está al servicio del poder, aunque en esta provincia hayamos tenido ejemplos demasiado evidentes de que, en algunos casos, es exactamente al contrario. Todo el mundo sabe de todo, pero especialmente de fútbol y de periodismo, que a este ritmo terminarán siendo lo mismo. No hay más que ver los programas que eligen en estas entrañables fechas los dirigentes políticos para mostrarse cercanos y preocupados por nuestros problemas: Rajoy no va a los debates pero acude a los programas de radio deportivos repartiendo collejas, Pedro Sánchez escala, Rivera le muestra su lado más íntimo a Ana Rosa, Soraya monta en globo y Monedero hace de monologuista guasón acusando a sus rivales de esnifar coca en un acto organizado por una revista satírica. Sin duda, entre todos estamos logrando enriquecer notablemente el debate.
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