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Cuánto cobras

09/11/2025
 Actualizado a 09/11/2025
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Estaría bien saber cuánto cobran las personas que defienden con tanto desahogo determinadas ideas. Hay ‘lobbistas’ que promueven el cierre de fábricas en tu tierra para favorecer la importación de manufacturas de países lejanos. Proclaman que es lo mejor para todos, pero en realidad lo es solo para ellos. Hay tertulianos que sostienen medidas económicas supuestamente en favor de los más desfavorecidos, pero que en realidad solo benefician al gran capital –y, de paso, engordan su cuenta corriente–. Hay gente que recibe esos mensajes y confía en la buena intención de sus emisores.

En el moderno mercadeo de los ‘contenidos’, la responsabilidad ha quedado en un segundo o tercer plano. Nadie sabe a ciencia cierta de dónde procede buena parte de la información que se difunde, una confusión agravada por la irrupción de la inteligencia artificial, que ha facilitado enormemente la falsificación y adulteración del material que nutre el debate público.

En este río revuelto proliferan, como mixinos carroñeros, sujetos que viven de formular mensajes con consecuencias reales en la vida de los demás, pero no en la suya. Tomemos el ejemplo –especialmente palpitante– de la crisis de la vivienda. Pongamos el caso de que tienes, por decir una cifra, diecinueve inmuebles en una de las ciudades más tensionadas. Imaginemos además que presentas un programa en una televisión generalista y que, en el transcurso del mismo, alertas sobre el problema de la vivienda culpando a partidos políticos, empresas o bancos, sin mención alguna a tu particular situación personal. Todo ello con la desenvoltura de quien defiende su postura sin el menor conflicto de intereses.

Lo mismo puede decirse de quien manda –o quiere mandar– a jóvenes a morir en la guerra mientras él permanece en su despacho, lejos de las balas; o de quien aboga por abrir todas las cárceles para luego cerrarlas y eliminar el sistema penitenciario, sin haber tenido jamás que enfrentarse a un problema relacionado con la delincuencia. Lo cantan Carolina Durante en ‘Buenos consejos, peores personas’: «Te digo lo que debes hacer, no lo que yo he hecho».

Resulta cansado –y a veces el esfuerzo induce la pereza–, pero hay que volver al escepticismo, a leer la letra pequeña y revisar las biografías de esos rostros amables que nos quieren vender la moto. Y, sobre todo, averiguar de verdad cómo engrosan sus cuentas corrientes.

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