Javier Fernandez

Cuando no hay rumbo, hay deriva

26/11/2025
 Actualizado a 26/11/2025
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Las ruedas de prensa de Fernando Estévez han sido lecciones de estadística matemática mediante las cuales buscaba respaldar con números cualquier aspecto del juego. Bien es cierto que no dejó muchas frases para el recuerdo, pero sí repetía continuamente una justificación alejada de las artes de Karl Pearson: «Cuando hay rumbo, no hay deriva». Los datos demuestran que los resultados cosechados en los últimos siete partidos son de play-off, pero su epitafio ya estaba escrito. Esto no es más que la crónica de una muerte anunciada. Como un paciente terminal, entrenaba esperando a que la sombra de la guadaña decorara la pared de su habitación. Desde pretemporada no congenió con los pesos pesados de la plantilla, aunque con algunos limó asperezas —no con otros—. Métodos anticuados, poco gusto por jugar el balón y un trato personal frío eran los argumentos esgrimidos. Por entonces, el láser ya estaba actuando sobre la lápida y solo la confianza inicial de la propiedad evitaba escribir el punto final. Hasta que se perdió. Y no hablo del 25 de noviembre.

Contra el Talavera, Estévez entrenó con una soga al cuello pendiente del tirón final. Pero se salvó. La Deportiva tenía planificado hasta el más mínimo detalle de su sucesión en el trono. Julio Baptista, Jandro, Fran Fernández, Javi Rozada, Óscar Gilsanz... numerosos nombres fueron tocados u ofrecidos, aunque al final el agraciado iba a ser Beto Company. Las reuniones con él fueron positivas, pero su desembarco en el Bierzo se frustró en el preciso instante en el que Di Renzo —delantero del Talavera— se autoexpulsó. Estévez, y su Deportiva, sobrevivieron sin saber cómo. Y contra el Zamora fue la secuela.

En la temporada 2023/2024, Íñigo Vélez se veía en una situación similar, aunque por diferentes motivos. Los resultados fueron aplazando lo que ya estaba escrito porque, por falta de valentía, no quisieron ser consecuentes con el deseo y evitarle una agonía a todas luces innecesaria. Dos años después, la película vuelve a proyectarse. Porque este club, que tuvo la oportunidad de profesionalizarse de la mano de Jon Pérez Bolo pero se creyó el más listo del patio, sigue demostrando campaña tras campaña que no aprende de los errores. Hoy el fulminado es Fernando Estévez; ayer fue José Gomes. O David Gallego. O Javi Rey. Hoy alucinamos con el «catalogazo» de Lian; pero ayer fue Aldair Neves. O Jordan Lukaku. O Heriberto Tavares. Una dirección deportiva con un funcionamiento más propio del taller de Manolo y Benito es la habitación visible porque está junto al ventanal —literal y figuradamente—, pero absolutamente cada entresijo de la Ponferradina es todo lo arcaico de lo que se acusaba a Fernando Estévez. Cada temporada es peor; cada bandazo es mayor. De un ejemplo de seriedad a una trituradora despiadada.

Estévez fue breve. Ya es historia. Y esa frase que tanto repitió hoy se invierte para describir la realidad: cuando no hay rumbo, hay deriva.

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