Toda España se ha puesto de luto por las víctimas de la catástrofe ferroviaria en Adamuz. Una de tantas, como las que nos han sacudido en los últimos años.
La pandemia se llevó a 15 mil personas. No se vio venir y se abordó a base de mentiras y ocultaciones. Pudieron evitarse muchas muertes de haberse gestionado correctamente. Los que no murieron por el virus, lo hicieron por el abandono y las vacunas. No hay que obviar la inmoralidad de muchos miembros del gobierno, que se beneficiaban con el tráfico de mascarillas defectuosas que no protegieron a nadie. La riada de Valencia se llevó más de doscientas personas a pesar de lo cual las instituciones y ministerios implicados actuaron tarde y mal. Mientras la gente se ahogaba, ellos pensaban en la rentabilidad política.
Podría haberse evitado si los responsables cumplieran su cometido, pero los puestos están copados por incompetentes, sin moral, sin capacidad, ni conocimientos; nombrados por el Presidente, con el único requisito de mostrarle lealtad y pleitesía.
De ese modo en España, bajo el imperio de Sánchez, nada funciona y el deterioro se percibe en la Sanidad, la Educación que no enseña, sino adoctrina; Justicia ninguneada, como se ve, por la mujer del Presidente, que desafía al juez Peinado, una fiscalía y un Tribunal Constitucional, a las instrucciones del Puto Jefe, como dijo Puente.
Más evitable hubiera sido el descarrilamiento y choque de trenes de alta velocidad y las consiguientes 50 víctimas mortales -crónica de una muerte anunciada-. La incompetencia volvió a hacerse presente una vez más. Y también la corrupción, desviando presupuestos y subcontratas que se prestaban a dar mordidas. Con todo, peor que la rotura de los raíles, del balasto inadecuado y otras deficiencias, lo más rastrero se llama Oscar Puente, cuyo mérito es la capacidad de insultar y responder a los merecidos invectivas de las que es objeto. En esta ocasión el Galgo de Paiporta volvió a evadirse y el contubernio que llaman funeral laico, fue cancelado porque el susodicho Can no tenía la seguridad de no ser increpado por las familias. Todo lo que le hubieran llamado, por mucho que fuera, sería poco.
Las excusas, mejor dicho las justificaciones del ministro han sido ridículas y, entre todas las estupideces, habló de estrés emocional. No obstante, Sánchez, en su intervención, se atreve a decir que apoya su gestión -y la de Koldo, que andaba por ahí metido-. Una desvergüenza fue aprovechar el acto por las víctimas para hacer un mitin y apoyar a Alegría. Vomitiva, la defensa de Puente: «Todo mi reconocimiento al ministro de Transportes Oscar Puente...etc. Lo cual los convierte en cómplices. Y como tal, deberían dimitir los dos en compañía.