He dicho cosa, no casa, aclaro. Pues, cierto día dijo Unamuno que el ajedrez ejercitaba la inteligencia y seguidamente, añadió: «Para jugar al ajedrez». Otra del mismo fue que en una de sus clases en Salamanca, dijo «saquespeare» y los alumnos se rieron a mandíbula batiente por lo cual, Don Miguel prosiguió su conferencia en inglés.
Y con estas citas he incurrido en lo que precisamente quería evitar; la manía de hablar con palabras ajenas, sin conocimiento ni sentido, como tanto se abusa en estos tiempos.
No se puede generalizar. La ciencia progresa; algunos jóvenes estudian en las universidades; las pantallas de los cines se iluminan; en los hospitales hay personas muy entregadas; los libros siguen publicándose y el talento existe, pero no está entre las mayorías ni social, ni política cuya pomada es la ambición.
En España somos muy parlanchines y vocingleros; así discutimos cada vez que nos juntamos. Hoy no tanto porque estaremos, por mucho tiempo, obnubilados por el fútbol pero cuando esto acabe, vendrán otras cosas para tener ocupado al personal.
A veces nos encontramos con gente culta en apariencia, que repite como loros los dictados de la I.A. Cultura del siglo XXI, cultura prestada, poca cosa.
Para destacar sobre los de más, se pisan la palabra porque todo el mundo sabe y opina de todo, aunque no hayan leído un libro en su pajolera vida. Desde que desaparecieran la guía teléfonica y el Interviú. Y si por casualidad quieres meter baza, levantan la voz y te apabullan. Como decimos en León, ya que somos algo cazurros, «el que más chifle, capador». Creo que se entiende.
Una estrategia muy utlilizada entre periodistas, tertulianos de pacotilla y comentaristas es utilizar citas -como las inoportunas que incluí yo de Unamuno- que no necesariamente tienen que ser ciertas, aunque de Don Miguel se cuentan bastantes.
Citas de autoridad, se llama este recurso estilístico. Aunque digas una estupidez supina, o una trola, puedes disfrazarla o reforzarla, con las palabras de un sabio de prestigio o autoridad que te avala. Los más fusilados son Einstein, Gandi, Coelho, Orwell, Huxley, Marx, Confucio -no tanto Lao Tse- en latín y ¡oh cielos! Winston Churchil. Olvidaba a Saint Exupéry, imperdonable. En la literatura se utiliza la bibliografía, exponiendo en qué libro figura la mención y en qué página. Lo demás es aparentar y no vale una higa.
Cuando algún cretino te espete una cita, desconfía y pregúntale en qué libro la leyó y si tiene vergüenza, le sacarás los colores porque la mayoría de estos pedantes son analfabetos funcionales y no han leído nada. A lo más, lo han sacado de la red porque leer, leer... Poco o nada. Para acabar una más: «Sólo sé que no sé nada». Que más que una inmodestia de Sócrates, es una verdad como un templo.
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