Cada vez somos más y subiendo. Eso es lo que pasa cada sábado o domingo, como ha sido este caso, que se nos convoca a expresar nuestro descontento con las ideas que algunos nos quieren hacer comulgar con ruedas de las que ya no quedan porque, como los molinos a los que se llevaba a moler el trigo a cambio de la maquila que el molinero recibía por la molienda llevada a cabo.
Nos manifestábamos miles de leoneses (y no exagero), sin ondear banderas de partido político alguno porque, que nadie lo dude, el tren de Matallana es, y sobre todo fue, despensa y vida de una generación, entre la que me incluyo, que nos alimentó con aquella leche con una nata para enriquecer esas rebanadas de pan que, con unos chorros de aceite, y con un poco de azúcar, hacía que la merienda fuera de nuestro agrado mientras jugábamos en los aledaños de la mencionada estación, la cual constituía nuestro fortín frente a los ataques foráneos.
Como he comentado en otras ocasiones, vivo en sus cercanías y, cuando paso por ella, no puedo evitar mirar la piedra utilizada subiendo las escalerillas de la estación, tanto laterales como frontales, observando como las huellas del desgaste de piedra, originado por el uso que mucha gente le daba para los cuchillos y nosotros las navajas con las que luego hacíamos barcos de madera o espadas con las ramas de las podas que el Ayuntamiento hacía en los árboles que entonces proliferaban por la ciudad.
La estación de Matallana además del servicio que prestaba a la ribera y montaña, también era reconocida por las máquinas de vapor que utilizaba, alimentadas con briquetas de carbón, las cuales también realizaban un servicio sanitario, o eso creíamos las familias, que cuando los niños y niñas teníamos la tosferina, nos ponían en el puente de los Maristas para respirar el vapor que las maquinas emitían a modo, según se decía por entonces, de solución gratuita.
La verdad es que entonces era fácil creer todo lo que se decía. Por eso hoy al ver la cadena humana de los miles de leoneses que nos fuimos incorporando desde La Asunción hasta la plaza de Botines y las Palomas. A quienes no vi fueron a Puente y Cendón. Sería porque no quieren o no saben, o es porque perdieron, o perduran sin lugar duda, las habilidades, porque José Antonio sí supo estar en su sitio. Luego dirán que no sigue las directrices del partido, que nos es lo mismo que las de los leoneses que fueron quienes le eligieron. El que no quiera que León avance pues, como dice el refrán, Puente de plata, sin segundas, ¿o sí?
Cuando esto escribo me entero de la desgracia ocurrida entre dos trenes de alta velocidad en Adamuz (Córdoba) ocasionando un importante número de víctimas mortales y heridas, todavía sin determinar en número, pero que a la vista de las informaciones recibidas por quienes tienen hacer frente a la durísima tarea de identificar a las víctimas que todavía se encuentran entre los mortales amasijos de hierro producto del choque letal. La verdad es que, como vulgarmente se dice, nunca se sabe dónde la tenemos. Un fuerte abrazo, de todo corazón, a los familiares que, aunque los afectos sean sentidos, nadie les podrá devolver la vida a los seres queridos perdidos para siempre.