Soy consciente de que esta cabecera corresponde a la película protagonizada por Redford y Streissand, tan meliflua como la pamema de Sánchez. Pero no importa tanto cómo éramos sino como nos han dejado.
Es imposible dar un paso atrás. El daño está hecho y aún queda por venir más. No hay valor en un presidente que tantas veces se ha comportado como un cobarde que se humilla ante Marruecos, Europa, separatistas vascos y catalanes; que es cuestionado por sus propios socios podemitas, los que se nutren del dinero de Maduro y del ¡Irán! de los ayatolás.
De forma contumaz, el gobierno ha intentado encubrir a los secuaces de las trapacerías cometidas. Pero si Contreras no se entera ¿cómo es posible que sus más de ochocientos asesores tampoco se enteraran? Es de suponer que todos estaban en la pomada.
Está claro que la mayoría de los que se han metido en esta política o eran unos muertos de hambre o no valían para nada. Yolanda Díaz se hizo abogada (no la querría yo como defensa) pero podía haberse quedado en Fene, ayudando a los obreros de la Naval.
Menos cualificación, la de Irene Montero que podría haberse ganado la vida honradamente como dependienta. En cuanto a Pablo –el que no saldría de Vallecas– tenía que haber puesto el bar antes sin cambiar de empleo. Pablo Fernández tenía la posibilidad de quedarse en el Kiosco. Koldo no debería haber salido del lumpen y su jefe, en su primer trabajo de vender souvenirs a los turistas.
Con los sueldos ahorrados de los políticos y altos cargos de baja estofa, más el dinero robado, este país iría mejor. Ahí tenéis a Chaves y Griñan, en la calle y sin devolver un duro ¡por algo son sanchistas!
En cuanto a los inquilinos de la Moncloa, sería farragoso tratarlo, porque es muy fuerte e irá saliendo.
Pero es que no doy abasto. Que lo hagan los jueces y apliquen el mismo rigor a los saqueadores de España, que el que aplicaron a la condena de José Manuel Lomas; el anciano que mató al ladrón que entró en su casa de noche con una motosierra. Nueve años de prisión y 52.000 euros para indemnizar a la familia del niño malo. ¿Pero en qué país vivimos?
La esperanza es que habiendo tocado fondo, sólo nos queda recobrar la cordura y el sentido común. Tal como fuimos.