La semana pasada, como consecuencia de un encuentro fortuito con una persona conocida de cuando rozábamos la veintena de años y hacíamos deporte los domingos, algo indispensable para mantenernos en forma y alcanzar la longevidad de la mejor maneara posible. En este sentido admiro, entre otra mucha gente, a mis amigos mas jóvenes que yo, aunque no lo parezcan, entre los que destaco a Ignacio Morán y Ángel Roberto Villalba, como grandes aficionados al deporte del balompié aunque sus carreras hayan trascurrido por otros designios, donde han destacado profesionalmente, sin olvidar la afición por el balón, entre otras aficiones que no son del caso. Después de llegar a mi casa, ya en la sobremesa, sintonizo la Tv, aun a riesgo de quedarme medio traspuesto, cosa nada extraña en personas de una cierta edad, mientras que simultaneo la mirada al periódico de papel con los estrenos que en las salas de cine, más bien mini salas, se proyectan en versión original y en pantalla grande , cosa no admitida en los tiempos en que el cine era nuestra mayor diversión donde, por un módico precio, podíamos admirar las películas demandadas por la juventud debidamente dobladas al español, para menor esfuerzo. El cine de los capuchinos no estaba en mi lista de asistencia para ver películas porque con la edad que tenía, y la lejanía en que se encontraban algunos cines como el Lemy, en la carretera de Madrid, donde se «echaban» , entonces no se decía proyectaban, junto con el Alfageme, Trianón , dos películas que, en sesión continua y por el mismo precio, eran de gran aceptación por la chavalería y que, aunque cuando entráramos estuviera la película empezada, esperábamos hasta la repetición para ver lo anterior que no habíamos visto, faltaría más. La primera vez que fui a una sesión continua lo hice para ver, con los demás amigos del barrio, los sugerentes títulos: «LOS TAMBORES DE FUMANCHU Y FUMANCHU ATACA»( de 1940) , creo que los títulos y las carteleras con la presencia del Dr, Fu Manchú, con aquellos bigotes chinos impresionantes, nos hacían adivinar de que iba la película en la que , a pesar de lo malos que eran los malos, el «gicho», denominación con la denominábamos al protagonista bueno, el cual, como era lógico, nunca moría. Antes de que se me olvide, y esperando ya los nuevos títulos de aquellas inolvidables películas de entonces, quiero felicitar, aun sin conocer, creo, personalmente a los responsables de la programación de los magníficos ciclos de cine clásico, y en V.O. y les envió un fuerte abrazo y, como diría un castizo: «que siga el cine» y que lo sigamos viendo, nunca mejor dicho.
El cine vive
05/05/2026
Actualizado a
05/05/2026
Comentarios
Guardar
Lo más leído