La semana pasada hablaba del cine en general, y de las películas de mí tiempo en particular, donde predominaban las de aventuras, la cuales las subdividíamos, según la materia a tratar: de indios, de espadas, de amor o de risa.
Esto está relacionado con los días que vengo en compañía de mis nietos, después de que ellos salieran del colegio y donde no puedo evitar echar una mirada a los que fue en su día el Teatro, o cine para nosotros, Trianón. Uno de los cines favoritos al gozar de butacas, tanto en la zona principal de madera, como en las de patio, las cuales, si no me equivoco, tapizadas con muelles, lo cual las dotaban de cierta comodidad que era muy de agradecer por los asistentes. Por el Trianón, junto con el teatro Principal de mucha más solera, pasaron las mejores y más conocidas compañías de teatro, o de revista que, normalmente, aprovechando que el Bernesga pasaba por León, solían verse en las fiestas y ferias de León, que era cuando más personas de la provincia se concentraban dando rienda suelta a lo que, en otras fechas, la ciudad no solía ofrecer (no digo más).
Como creo que ya en algunas otras ocasiones he comentado, al no haber llegado todavía la televisión, el cine, sin ninguna duda, representaba la diversión y el entretenimiento. Era frecuente ver largas colas (o filas) para adquirir las correspondientes localidades, con miedo de que al llegar a la taquilla o taquillas (en algunos cines había dos) se agotaran, y se te fastidiara la tarde del domingo que era el día de asueto por antonomasia. La película ‘Ama Rosa’, llegaba precedida de una fama sin igual, como consecuencia de ser la reina de la audiencia en las emisoras de radio, y con igual veneración, ‘El derecho de nacer’, que tenía como protagonista masculino a Jorge Mistral, indiscutible galán español del momento quien, junto con la no menos idolatrada Carmen Sevilla, se consagraron como la pareja cinematográfica preferida por los españoles en aquella España de la posguerra deseosa de ver, como se diría hoy, caras guapas, antes de que irrumpieran los llamados culebrones que había que escuchar como si estuvieras en misa mientras se hacían las labores domesticas.
La hora de emisión de las novelas era sagrada para mantener un silencio sepulcral dándole más realismo al serial. En fin, no podemos negar que tanto la generación del que esto escribe, como las anteriores, la RADIO, con mayusculas, formó parte de nuestra vida, por la compañía que hizo y que hoy, a pesar de tanto invento visual al alcance de casi cualquiera, la radio sigue imperante en cualquiera de su formatos, y, sin ninguna duda, para seguir.
Títulos para el recuerdo fueron: ‘Los hijos de nadie’, ‘El derecho de nacer’; del gran escritor y autor, Guillermo Sautier Casaseca. Después llegó ‘Simplemente María’, con la protagonista Maria Salerno, y paisana, de la pequeña localidad de Colle del Ayuntamiento de Boñar, de cuya vida posterior saben mucho más que yo Fulgencio Fernández y mi cuñado, gran fotógrafo y amigo desde nuestra juventud, Fernando Rubio del Pozo, al que pueden seguir a través de este medio conformando, junto con el citado amigo y periodista Fulgencio, una pareja para no perderse cada lunes.