Lo más interesante de lo que pasó en León esta semana ocurrió todo el lunes.En Marzán, un pueblo de Omaña, los antidisturbios de la Guardia Civil sacaron de su casa por la fuerza a un hombre que vivía en la más absoluta soledad, rodeado por cartones de vino blanco y latas de comida.‘El Ponche’, que así le llamaban en toda comarca, una de las más despobladas y envejecidas de Europa, se resistía a ser trasladado a una residencia y, como buen náufrago, había lanzado a los primeros guardias que aparecieron en su isla botellas que no llevaban mensajes dentro, sino que eran un mensaje en sí mismas. Ese mismo día, en Matadeón de los Oteros, soldados de la UME se desplegaron en torno a una bodega cegada en la que un juez asturiano sospechaba que podían haber sido enterrados dos cadáveres en los ochenta. Los treinta años que han pasado desde el final de la anterior frase son importantes, como lo es el significado de las siglas UME: Unidad Militar de Emergencias. Por la comarca, una de las más despobladas y envejecidas deEuropa, cuentan que eran una madre y una hija que desaparecieron de la noche a la mañana, después de que la madre, que había naufragado en su matrimonio, lanzara por la ventana cartas pidiendo auxilio a los vecinos porque su marido no la dejaba salir de casa. Ante semejante despliegue de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, con la provincia como un campo de batalla, me preocupaba pensar lo que estaría pasando en los cuarteles de la capital donde se tomaban tan contundentes decisiones, si habría estallado ya la guerra o si la limonada de este año estaba propagando la rabia. Pero este lunes, en la capital, la única preocupación palpable era el anuncio de que se va a cobrar entrada por ver una procesión en la Plaza Mayor. Mientras yo me había trabado en la imagen de caravanas militares circulando por pueblos abandonados, escuché a unos argumentar sus tradicionales madrugones para ver desde cerca el famoso Encuentro y a otros, los mismos que durante años decían que la sobriedad y pureza de la Semana Santa leonesa no se debían nunca "sevillanizar", llamar a los otros paletos porque lo de tener que pagar por ver una procesión es muy habitual en otras ciudades... como por ejemplo Sevilla, un, dos, tres responda otra vez. Tal y como arrancó el lunes, así transcurrió la semana. La distancia entre lo que pasaba en el exterior y lo que se decidía en los despachos fue el aumento. El viernes por la mañana, el campo de batalla se trasladó a la Universidad, que amaneció cubierta por toneladas de basura tras una fiesta que, como las propias procesiones, alguien organiza, alguien autoriza y alguien amortiza. Para buscar soluciones, en el interior de las facultades se recontaban votos en blanco hasta repetir unas elecciones de las que salga un nuevo rector que encarne el evidente éxito de estar formando jóvenes comprometidos con valores de civismo, ética y ecología. Ante la diferencia entre lo que veo y lo que me cuentan, entre lo que me preocupa a mí y lo que les preocupa a quienes podrían aliviar mis preocupaciones, sólo me quedan ganas de pedir lo mismo que ‘El Ponche’ a uno de sus vecinos mientras los antidisturbios le metían en la ambulancia: "Ciérrame la puerta".
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