Más allá de las conspiraciones dementes sobre ricos comiéndose bebés en islas del Caribe, el caso Epstein ha servido para echar por tierra muchos de los criterios de autoridad que rigen la jerarquía del saber actual. Porque, además de los políticos (Bill Clinton y Peter Mandelson) y de los miembros de la realeza (el príncipe Andrés), en los registros de las interacciones del pederasta fallecido en 2019 hay una notable presencia de científicos de renombre.
En los intercambios entre Epstein y las grandes figuras del pensamiento hay un amplio abanico de gradientes, desde quienes le firmaron en el libro de graduación hasta quienes mantuvieron una relación más estrecha y se aproximaron peligrosamente a las actividades delictivas con menores en su propiedad privada en las Islas Vírgenes.
Tenemos, por ejemplo, a Steve Pinker, ‘rockstar’ de la psicología cognitiva, que ayudó a Epstein en su defensa legal durante sus procesos por explotación sexual de menores y al que se puede ver junto a él en viajes en avioneta. En ese mismo medio compartió trayecto con el estuprador el lingüista Noam Chomsky, prestigioso intelectual y una de las voces más notorias del antisionismo. El autor de ‘Los guardianes de la libertad’ no sólo recibió una generosa financiación del delincuente sexual, sino que también le ayudó con estrategias para tratar de restaurar su imagen pública. De igual manera, el insigne astrónomo Lawrence M. Krauss mantuvo una fluida correspondencia con Epstein sobre cómo responder a acusaciones de abuso sexual.
Pero ningún caso resulta tan inquietante como el del biólogo y psicólogo Robert Trivers, fallecido la semana pasada a los 83 años. Autor de teorías como el altruismo recíproco y otras ideas que vinculan la moralidad con la adaptación y la selección natural, recibió ingentes cantidades de dinero por parte de Epstein. Y no sólo eso: cuando pillaron a éste, salió en su defensa con la siguiente declaración: «Ahora, las chicas de 14 o 15 años son como las mujeres adultas de hace 60 años, así que no veo sus actos tan atroces». También hay un intercambio interesante de correos electrónicos entre ambos en los que Trivers defiende la superioridad de las transexuales femeninas (los hombres que cambian de sexo) respecto a las masculinas (las mujeres que realizan el camino inverso), y contempla la posibilidad de hormonar a niños de tres años en los que se pueda percibir un atisbo de “tendencias ‘trans’”. Para cerrar el círculo, hay un vídeo de Chomsky y Trivers debatiendo sobre la influencia entre psicología y propaganda.
Dejando a un lado las vulgaridades de la moralidad, he aquí una cartografía de relaciones que nunca viene mal para saber de dónde proviene la luz de los llamados ‘faros’ del pensamiento actual.