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Casas para vivir

10/02/2026
 Actualizado a 10/02/2026
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Muchos de los días cuando salgo de casa observo cómo, algunas parejas jóvenes o no tan jóvenes, se paran a mirar el precio que tienen los pisos que allí se ofertan, con la esperanza de que  en algún momento puedan acceder a uno de ellos. Comentan entre ellos, además de los precios, la ubicación en la que se encuentran. Las caras suelen ser de cierta desesperanza debido a los medios que cada uno pueda aportar a tal efecto. La primera vez que Escuché decir que en Madrid los pisos se vendían por separado no lo pude entender, cuando casi nadie tenía, o teníamos, dinero en efectivo para efectuar la compra dinero en mano y las hipotecas  estaban restringidas a unas cantidades que no alcanzaban, ni de lejos, la totalidad del importe por lo que  el piso se vendía. Vuelvo a lo que entonces era la práctica habitual, cual era el alquiler que ya entonces empezó repuntar con fuerza, si bien la opción, para quienes tuvieran un salario o sueldo adecuado, seguía siendo la hipoteca a largo plazo, generalmente en manos de la  Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León antes de que comenzaran las fusiones y la entrada de la política en los Órganos de gobierno con el resultado, y la perdida de identidad, que todos recordamos, que era la que te proporcionaba la posibilidad de que, con lo que te daban de hipoteca y lo que tuvieras ahorrado, pudieras aspirar a convertirte en propietario, sin que te hubiera tocado la lotería, como fue el caso de los que más adelante tuvieron esa suerte. Pedir un préstamo hipotecario en la banca privada resultaba prohibitivo, pues las hipotecas a largo plazo no solían exceder de tres años el tiempo en que lo tenías que devolver. La Caja de ahorros y Monte de Piedad en León  constituía una forma de ahorro escolar simple para los niños, cuando la “ Caja” la considerábamos como algo nuestro. No olvido aquellas cartillas que,  como fomento al ahorro, (con lo poco que entonces se podía ahorrar) te daban en  casa para ir pegando unos sellos  de pequeños importes, para que , el día de mañana, que tardaba mucho en llegar, tuvieras algo con que hacer frente a las nuevas necesidades que la vida te iba a deparar. Cuando sale a colación lo de la compra o alquiler de los pisos, me viene a la memoria algo que oí decir a mi suegro, referente a acoger a hijos  e hijas  en casa, y que decía así: ¡hay casas grandes que son pequeñas y las hay pequeñas que son grandes! El caso es que la vida te acoja con generosidad, sobre todo a las nuevas generaciones que son en las que me suelo fijar cuando, cogidos de la mano, consultan los precios fijados en los escaparates de las inmobiliarias, con la esperanza de poder hacer realidad los sueños de ser propietarios sin agobios. Que nadie se engañe, y los gobiernos menos, que si la gente no tiene facilidades para poder tener un lugar donde poder vivir con los suyos hará lo imposible para lograrlo.   

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