Desde el fallecimiento de Georgie Dann, parece que algo nos falta. Su música fácil, pegadiza y alegre. Hoy se sigue cantando la canción del verano, pero ante un juez, en los tribunales, por donde desfilan las stars del gobierno y altas esferas del negocio del socialismo. En este hit parade el disco de oro lo llevó Aldama; ahora el que afina, Julito Martínez –compinche de Zapatero– y parece que Leyre entonará un do de pecho.
Es extraño ver a los corruptos denunciando la corrupción de sus compañeros de fatigas y amigos. Si hacemos cábalas prácticamente ya no queda ninguno fiable. A fin de cuentas, para eso llegaron a donde están.
Como nadie conoce a nadie, la responsabilidad es algo desconocido y los errores se tapan hasta donde se puede. Pero han sido de tal calibre que estarán por mucho tiempo en la memoria de los españoles. La gestión de la pandemia y las mentiras en torno a ella; los negocios aprovechando el estado de sitio. ¿Se habrá deshecho la Armengol de las mascarillas defectuosas? Probablemente hubieran deseado que la pandemia durara más, porque les faltó tiempo para liquidar. ¡Vaya por Dios!
No podemos obviar otros episodios trágicos, como el del tren de Atocha que posibilitó el advenimiento de Zapatero (las desgracias nunca vienen solas); la riada mortal en Valencia y la dejación; el apagón fulminante, que no se ha «esclarecido»; otra cosa es la tragedia de Adamuz, porque aquí sí hay culpables; no es posible que Puente no responda ante la justicia por las deficiencias y el dinero que dio Europa para el mantenimiento de la red, desviado a saber dónde.
«Los árboles no dejan ver el bosque» –dijo Unamuno en un día ocurrente– pero lo que impide ver las frondas es el humo que se extiende por todo el país. No justifico a los pobres diablos pirómanos o dementes que merecen estar a la «sombra». Pero, como ocurre con el narcotráfico, los principales culpables son los que están detrás del negocio.
Y lo mismo sucede con los incendios. Antes se echaba la culpa a los cazadores, a los pastores, las parrilladas de los de la ciudad y otras causas que no vienen al caso porque hoy se dan todas las condiciones para que el monte arda. Ya no creemos en la casualidad porque estos fuegos son «el pan nuestro» de ecologistas y burócratas que viven de las subvenciones y confunden a la gente, atribuyendo todos los males al supuesto cambio climático. La madera residual vale dinero y acabará en peles o briquetas para el invierno. Y una vez quemado todo, están unos baldíos que los alcaldes venderán para generadores eólicos y placas solares. En consecuencia, no interesan las medidas que arruinan a los agricultores y ganaderos, de cuyos productos dependen y dependemos.
A las brasas acudieron voluntarios, bomberos de Portugal, Francia, Italia, Guardias Civiles y militares de la Ume. Pero no vimos a Tragsa. Quizá sigan buscando prostitutas para los «vis à vis» de los ministros y altos cargos del gobierno que están en chirona... más los que están por venir.
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