"Son las 8:52 minutos del viernes 29 de abril. Buenos días y, aunque uno no tiene la culpa, perdón por lo que les vamos a contar". Así arrancó el pasado viernes Chechu Gómez su informativo matinal en Radio León. Después, llegó una sucesión de titulares cargados de cifras como bombas racimo, censos, parados, tasas de actividad y medias de edad que muestran, de forma demasiado evidente, el desierto en que se está convirtiendo esta provincia mientras la clase política–"que tantas veces ha traicionado a esta tierra", matizó él– debate mociones en defensa única y exclusivamente de sus propios intereses. Como ‘Mal español’ que soy ("vuelan las gaviotas y en cada pico va una rosa, el diputado e imputado que nunca cazarán, como hacen las pulgas, saltan a otro perro cuando hay purgas", decía Santi Balmes en una canción así titulada) aprovecho aquí para practicar el que se ha convertido en deporte nacional: le doy la razón a Chechu Gómez. Y a Santi Balmes también. Sí, hoy pido perdón y doy la razón. Ya escribí una vez que en España nos damos mucho la razón, sobre todo, a la hora del vino. A la cara. A la espalda encontramos culpables, pero a la cara nos damos la razón.Queda la incógnita de por qué el español habla más alto cuanto más da la razón a su interlocutor, pero ese podría ser el argumento para futuras tesis doctorales. Yo estoy hoy por dar la razón, así que trataré de no gritar. Aunque a veces joda, si hay que dar la razón, se da. Se queda uno muy a gusto. Estos días he visto a mi alrededor muchos motivos para darle la razón al prójimo. Uno de ellos es que llegó a León un equipo de Cuarto Milenio. Pasaron una noche en el Palacio del Conde Luna, convencidos de que en León hay fantasmas. Y sí, no sé si los encontrarían pero tengo que darles la razón: hay mucho fantasma en mi ciudad. En Las Cortes, el consejero de Educación, hablando del Conservatorio, su traslado interruptus y las necesidades económicas de la Junta, afirmó: "En esta vida sólo hay dos cosas irreversibles: la muerte y pagar impuestos". No me cansé de darle la razón, sobre todo porque lo dijo delante de Juan Vicente Herrera el mismo día que se supo que el hermano de éste había participado en una de las empresas que aparecen en los famosos papeles de Panamá. A la Junta en general le he dado mucho la razón esta semana. No, no es que me afectara mi reciente visita a Villalar, es que la tienen cuando dicen: "Hay que reinventar la Agenda de la Población". No hay más que comprobar el censo para darse cuenta de que la suya es una afirmación muy bien argumentada. Si en la reinvención despiden a algunos de los miembros de su Comité de Sabios, les daré la razón con todas las fuerzas que me queden. Pero si alguien se ha hecho merecedor de que le dé la razón en estos últimos días en sus comparecencias ante la prensa, si alguien merece que comulgue con su reflexión hasta las últimas consecuencias, ése es sin duda mi admirado Luis Enrique cuando reconoce ante los micrófonos: "Yo es que debo de ser gilipollas". Lo que no entiendo es cómo le pueden quedar dudas.
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