El cierre de la azucarera de La Bañeza supuso un revés grave a la economía de todo el sureste de la provincia leonesa. La Junta de León y Castilla, competente en desarrollo industrial, tendría que haber reaccionado con premura, pero permanece amodorrada. Tras los incendios, que también asolaron el entorno de La Bañeza, cabría esperar más diligencia para resolver este problema.
Además, los fondos europeos para la transformación energética y productiva abren nuevas posibilidades industriales. La sustitución del azúcar por productos de la energía verde es prometedora. La implantación de una biorrefinería como la prevista para Barcial del Barco puede ser la solución a muchos problemas. La fábrica actual está adaptada a las necesidades de una instalación así y trabajaría con líneas de producción similares.
La azucarera de La Bañeza molturó en la campaña 2024-2025 casi 690.000 toneladas de remolacha. La biorrefinería molturaría entre 600.000 y un millón de toneladas del mismo material en temporada, así como entre 180.000 y 250.000 toneladas de maíz fuera de ella. Por lo tanto, la fábrica de biocombustible trabajaría todo el año. Su producción rondaría los 200.000 metros cúbicos de bioetanol y 120.000 de bioqueroseno. Las pulpas que la azucarera producía eran unas 120.000 toneladas. Con la biorrefinería se llegaría a las 150.000. No son volúmenes muy diferentes, aunque sean mayores.
Esta dimensión impacta en el trasiego de transportes y en su consumo paralelo: combustible, reparaciones, ventas, mantenimiento, conductores, hostelería, etc. La logística es una creadora de riqueza en estas grandes plantas. La biorrefinería procesaría más de 1.000.000 de toneladas de materias primas y 300.000 de productos líquidos.
Las hectáreas de cultivo implicadas supondrían el 10% del regadío de León, ligadas a una alternativa sostenible a largo plazo, pues la demanda de biocombustibles es creciente. Además, ya existe un industrial interesado en desarrollarlo, que es de origen paramés.
La llamada sindical a la Fundación Anclaje debe activar las alternativas. Los trabajadores han de buscar cómo ganarse la vida y no pueden esperar: se marcharán de La Bañeza, debilitando la economía de la comarca. Tampoco los agricultores deberían permanecer pasivos.
Tras la desastrosa gestión de los incendios, hay que reclamar a quien tiene las competencias autonómicas que, o las ejerza, o deje paso a un nuevo marco institucional. La modorra con la azucarera bañezana no hubiese ocurrido en una autonomía leonesa. Salir de esta crisis es un imperativo para quienes se inhiben ante los problemas de León. Deben saldar deudas con esta tierra.