Estamos metidos de lleno en el verano y, con ello, rodeados de fiestas por toda la provincia. Los pueblos pugnan por ver quien es el que contratas la mejor de las orquestas sin mirar, generalmente, los dineros que cada Ayuntamiento puede aportar con tal de mantener a los pocos habitantes que todavía quedan, junto con los llegados en estas fechas, para disfrutar del buen tiempo. Como soy un amante de la vida que conocí cuando estaba en los albores de juventud, no puedo evitar comparar aquellas orquestas compuestas por dos, tres o cuatro músicos, o alguno más, cuando algún indiano de la tierra regresaba con posibles, corría con los gastos, como muestra de que la vida no le había ido mal por las Américas. Normalmente en los pequeños pueblos las orquestras que contrataban no solían tener nombre propio que las identificara, sino que eran conocidas por el nombre del responsable de juntar a los que formarían parte de la futura orquestina. En algunos lugares con pocos medios se arreglaban con un acordeón, una gaita, o con uno solo que tocaba el chiflo y el tambor sin ninguna otra ayuda orquestal. Como he dicho en otras ocasiones, y como descendiente de montañeses que soy, conocí cuando la fiesta se llevaba a cabo con pocos instrumentos. La pandereta suplía cualquier otro medio para las tardes-noches entre la juventud, depuse de haber finalizado las labores cotidianas, sin contar con más entretenimiento que el proporcionaban aquellos bailes a lo “agarrao”, los cuales fueron artífices de muchas de las bodas llevadas a cabo. Entonces el vivir juntos no estaba bien visto, “¡hasta ahí se podía llegar!”, por eso cualquier ocasión que facilitara el tener a la novia entre los brazos, bajo supervisión de las madres, generalmente, se aprovechaba sin reparos. Hoy mucho han cambiado las cosas, mayormente para bien, y para ver a las grandes orquestas por la provincia haciendo las delicias de los que bailan y de los que miran.
Mi entrañable recuerdo a la orquesta “los Cirolines de Benavides”formada por una familia de músicos muy querida en su tiempo. Después supe que el nombre artístico de los Cirolines era debido a un Ave de por la zona que se zambullía en busca de peces. En consecuencia, y como vulgarmente se dice, siempre se aprende algo.
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