Tras los parabienes sobre la posible conversión de la azucarera de La Bañeza –operativamente cerrada hace meses– en otra de bioetanol, no hay noticias. Es lo peor que podía pasar después de las declaraciones favorables: nadie toma las riendas para impulsar el proyecto. Estas cosas, para que progresen, requieren una institución que lidere y una persona comisionada que siga el impulso, implique a las partes, mantenga el diálogo e interaccione con todos los agentes.
Mientras tanto, parece que el consumo de bioetanol está en auge. El 80 % de las gasolinas en el mundo incorporan biocombustible. Algunos países empiezan a reglarlo para la aviación comercial. El crecimiento de la cuota de mercado de biocombustibles de origen vegetal ya no solo es causado por la transición ecológica. El biofuel se ha convertido en un vector energético más de la movilidad. Es una nueva oportunidad de negocio que abre posibilidades a sectores en decadencia ligados a la alimentación.
El cierre de una azucarera puede suponer la apertura de una fábrica de biocombustible, puesto que hay simetría entre ambos negocios. Las plantas que cierran pueden ser adaptadas para esta nueva actividad con menor inversión que la realizada en una planta nueva. Para lograrlo hay que disponer de una factoría que cierre, de proveedores de materia prima suficiente, de aparato logístico para trasladar el material agrícola y, por supuesto, de un inversor y soporte técnico.
La Bañeza, mientras no se deje pasar el tiempo, dispone de todo lo necesario. Hay un inversor con soporte técnico y el resto está disponible porque así lo dejó la azucarera recién clausurada. Lo que falta es el compromiso promotor de las instituciones, empezando por el ayuntamiento bañezano y la Junta de Castilla y León, y siguiendo por la Diputación Provincial de León y el Ministerio de Transición Ecológica. Puesto que la factoría está en La Bañeza, el interlocutor debería ser puesto a disposición por el ayuntamiento de la localidad.
Estamos en tiempo de elecciones y la palabrería lo llena todo. Es la oportunidad para conseguir compromisos, para que instituciones y políticos se retraten con gestiones reales para la provincia leonesa. En este caso, no se justifican solo promesas, ya que tenemos elementos necesarios para dar pasos firmes y abrir la fábrica de biocombustibles en La Bañeza antes de un año. El inversor espera pacientemente, pero su intención cambiará si no ve avances serios: implicación para sacar adelante un proyecto que dará vida a los agricultores, que hace unos días se manifestaban contra el acuerdo UE-Mercosur, y bañezanos. Porque esta batalla se puede ganarl.