En la vida es fácil confundir la falta de autoridad con el sentido del humor. En mi caso suelo respetar, sin confundir, el ejercer la autoridad con tener el sentido del humor.
Lo que voy a relatar es algo que presencie en los años en que ostente un cargo laboral en una importante empresa leonesa (de las pocas que hemos tenido excluyendo la importante minería de entonces), que por aquel tiempo generaba mas de 30.000 puestos de trabajo directos y bien retribuidos. Como no me quiero dispersar entraré en materia para dar sentido al enunciado.
Nos encontrábamos varios directivos de la compañía tomando unos vinos de Ribeiro en la Casa Galicia, de la que la mayoría éramos socios, y entre los cual nos acompañaba el director General de la Compañía, D. Ramón García que, como persona conocida era gran conocedor de los productos de su tierra. Entre Ribeiro y Ribeiro, acompañado por unas suculentas raciones de pulpo a la gallega y lacón con grelos, como complemento indispensable, no faltaban los comentarios sobre lo sucedido durante el día o la semana.
Lo que me quedó grabado fue algo de lo que en la barra del bar de la citada Casa Galicia escuche mientras, como he mencionado, tomábamos un Ribeiro con otras viandas, se nos acercó, mejor dicho se acercó al Presidente de la empresa quien, a su vez, era quien ostentaba el cargo de la citada sociedad leonesa y, con sumo respeto, le dijo: Don Ramón, tenía interés, si no le parece mal, en comentarle una cosa de carácter personal. Usted dirá, le contestó con amabilidad D. Ramón, pero manteniendo la distancia. Pues verá, le dijo el solicitante, el caso es que, aunque sé que tendrá muchas peticiones al respecto, a lo que me quiero referir es a la situación que tengo en casa con un hijo en el paro y sin expectativas de encontrar empleo, por lo que le pido que me lo coloque, a lo que ladeando la mirada hacia mi, que entonces ostentaba el cargo de Jefe Personal, le dijo no es que no es que no quiera ayudarle, pero es que eso, dirigiéndose a mi le dijo, no es de mi departamento». Y ahí me quedé yo dando pases al morlaco.
He de reconocer que, aunque acompañado de un buen equipo, D. Ramón supo crear y mantener una gran empresa (Vidriera Leonesa), con una amplia plantilla y bien retribuida. Mis recuerdos a los presentes y a los que me acompañaron en una parte importante de mi vida.
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