eduardo-bajob.jpg

Atrapados por la red

26/10/2016
 Actualizado a 07/09/2019
Guardar
Es una obviedad decir que, desde hace unos años, dependemos de las nuevas tecnologías. En realidad no son tan nuevas, pero han venido para quedarse, para helarnos la sangre.

Lo que era una ayuda para almacenar información, transmitirla o computar, se ha convertido en una dictadura.

Ya no hay empresa, servicio, banca o administración pública que no se relacione con el cliente, usuario o contribuyente exclusivamente a través de la red –la ‘rede’, que diría mi abuelo– para cualquier gestión o trámite. También, contando que estamos todos, sirven para encuestas, sondeos y crear opinión respecto a todo. Desde los refugiados, hasta Hillary y Trump.

Una modernidad que asombra pero, teniendo en cuenta la media de edad del país y de León, gran parte de los destinatarios no disponen ni de recursos, ni de conocimientos, para desenvolverse en este medio. De modo, que muchos ciudadanos quedan excluidos del concierto social.

En el mismo sentido, la orografía y el abandono del mundo rural, donde hay vastísimas zonas a las que no llegan las ondas ni para el teléfono. Salvo que, si las piernas te lo permiten, puedas subir a un cueto y suene la flauta.

A pesar de todo, el poder público y económico, insisten en que todo y todos están en la ‘rede’. Se chatea, se compra, se tuitea o se cuelga en Facebook. Publicando cualquier ocurrencia o atrocidad, todo el mundo alcanza su minuto de gloria.

Conjuras la soledad tras la pantalla y ajuntas cientos de amigos que no conoces, ni conocerás. Si os encontrarais cara a cara, no sabríais de qué hablar. Ni os daréis un insípido beso emoticón. Y sigues tan solo como al principio, porque nunca una lágrima podrá empañar un ‘e-mail’ (Saramago).

Los amigos se divierten, comparten alegrías y pesares; se toman vinos en el Húmedo o se invitan a comer. Si te dicen «pasa por casa» quiere decir que tienes abiertas las puertas de su hogar y de la amistad... Pero el no va más, es cuando os decís: «En tu casa o en la mía». Y eso no es virtual.
Lo más leído