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Angelón, y la generación del 98

12/08/2025
 Actualizado a 12/08/2025
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Casi todos los años por estas fechas nos reunimos, en el querido pueblo de Cerulleda, en las cercanías de Redipuertas y lindando con el puerto de Vegarada, parte de la familia  de aquellos descendientes  que empujados por la escasez que entonces había, aunque sin llegar a pasar muchas necesidades, nos reunimos  para compartir unas viandas con los primos Pedro, Ángel y Jose que , aunque residiendo fuera de este, su León, no renuncian a pasar las temporadas que , tanto en verano como en invierno, las obligaciones se lo permiten. En  nuestra familia las raíces están compartidas al descender, en nuestro caso, los padres de Redipuertas y las madres de Cerulleda bebiendo del agua donde nace  el Río Curueño. Cómo es lógico las ausencias y la falta de población, en comparación con la que conocimos siendo niños  en casa de tías y abuelas comparadas con la escasa que hoy resiste. Como aventuraba el prestigioso escritor, y director de cine, descendiente de Cerulleda y ganador de importantes premios literarios, Jesús Fernández Santos, donde importantes compañeros dejaron su impronta con la imposición de una placa, dedicada  a su persona, en  el molino de su propiedad y donde él pasaba temporadas siempre que las demás obligaciones se lo permitieran. Jesús era el nombre que con orgullo exhibíamos a hora de presumir de personajes ilustres, con raíces en la tierra. Llegando la fecha  de San Antonio  en el mes de junio, en mí afloran  los recuerdos de juventud que era cuando los padres nos dejaban pasar unos días en la fiesta del pueblo para no olvidar los orígenes. Todo esto viene a colación de lo disfrutado el pasado sábado, aunque con un calor insoportable de todos conocido, y soportado. Siempre que uno va cumpliendo años, estos vienen acompañando de lo que escuchaste referido a los mayores, aunque muchas de las cosas que conocí me van quedando atrás pero sin perder un ápice de su frescura. Eran años en los que la distancia entre lo que pasaba en los pueblos y lo que se conocía en León era considerable. Guardo algo para no olvidar, referido a cuando los conocimientos literarios eran escasos. En este caso, y en aquellos años, los mencionados pueblos carecían de luz eléctrica lo que hacia más difícil aficionarse a la lectura pero que se suplía leyendo a la luz del día, mientras se cuidaba del ganado. Lo que a mis quince o dieciséis años me impactó, fue cuando Angelón, gran amigo de mis padres, un día que había bajado a la ciudad a llevar a cabo unas gestiones, me pidió que le acompañara a una librería y vino cargado de libros de la gran conocida colección Austral y de autores como Unamuno, Pío Baroja, Azorin y un largo etc., cuando muchos de los se postulaban  como versados en la lectura, no habían leído un solo libro en su vida. Quiero concluir este artículo enviando a un fuerte abrazo en recuerdo de Ángel Fernández (Angelón) allí donde se encuentre  y a su gran familia que, junto con su compañera y esposa  Nelia, supieron edificar.  Mucho me acuerdo de él y de la bonhomía que desprendía. 

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