En los últimos días conocimos la muerte de Eutimio Martino, un tipo admirable que fue capaz de crear un relato lógico del territorio que hoy ocupa la provincia de León –entre otras– en los periodos prerromano y romano. Martino anticipó descubrimientos arqueológicos gracias a su capacidad de razonamiento y a una intensiva observación del territorio, que recorría continuamente. Pese a la deliberada ignorancia de la academia hacia sus estudios, las tesis de Martino se confirmaron en varios casos, aunque no sea citado.
Su interpretación de las guerras de Roma contra cántabros y astures marcó un hito. Desde su defensa de «ambas legiones», cuando nadie hablaba más que de una, hasta los hallazgos arqueológicos en el campus de Vegazana, confirmando sus tesis, o la ubicación del castro de Bérgida, entre otras aportaciones, labraron un historial excepcional. Era un auténtico investigador histórico que tocaba todas las fuentes historiográficas (documentales, epigráficas, arqueológicas y el estudio de campo). La valentía de un hombre que creía en lo que hacía aplicando método y pasión rompió la imagen del historiador pegado al gabinete y a la cita sin comprobación, pero poco capaz de explicar una hipótesis propia.
Meses antes se había ido Eloy Algorri, un arquitecto vocacional que invirtió mucho tiempo y esfuerzo en el patrimonio de forma desinteresada. Algorri acudía como arquitecto supervisor a Egipto, en colaboración con una universidad catalana, a las excavaciones en la ciudad de Oxyrhynchus, cada año. Su interés por la arquitectura rural le llevó por multitud de rincones de la provincia, interpretando nuestras casas vernáculas. Su obra sobre los hórreos leoneses, con Enrique Luelmo, es un ejercicio deslumbrante de exhaustividad y comunicación gráfica. A nadie extrañó su presencia desde el inicio al frente de la Asociación de Amigos de los Hórreos Leoneses. Su compilación de la historia de decenas de edificios sobresalientes de León ciudad, colgada en un blog, o sus aportaciones en conferencias y espacios de prensa son una muestra de que Eloy era un tipo extraordinario.
Cuando los principios de muchas personas se han vuelto laxos, el compromiso voluntario con el conocimiento, la divulgación, el atrevimiento a formular tesis valiosas que nos ayudaron a entender León hace de Eutimio Martino y de Eloy Algorri dos estrellas destacadas del firmamento leonés. Sin ir contra nadie, ni depender de una remuneración por lo que hacían, ampliaron conocimientos que los demás seguiremos. Por eso ambos son dignos de dar nombre a calles de León, ahora que alguna parte de la urbe reclama topónimos de valor intemporal.
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