Uno va sorteando lo mejor que puede a lo largo de su vida diferentes preguntas incómodas a través de las que se pueden ir comprendiendo mejor las etapas que va atravesando.A mí, por ejemplo, a estas alturas, las preguntas más impertinentes que me suelen hacer son: «¿Quiere usted aislar su buhardilla por tan solo un euro y ahorrar mucho dinero en calefacción?» y la siempre irritante «Entonces, ¿cuándo le vas a dar una hermanita a este niño tan guapo?», para la que siempre hay algún meticón de guardia (no diré meticona porque hoy es el Día Internacional de la Mujer, pero sólo por eso). Se invaden países y se declaran guerras por mucho menos. Como todo puede siempre empeorar, estos días hay otra pregunta que me hace bastante gente y que también me resulta trementadamente incómoda e impertinente, primero porque preguntárselo a un periodista indica, por un lado, que «te pasas entre esa gente todo el día», lo cual significa algo tan desagradable como preocupante, y, por otro, porque tiene algo de estar enfermo y, en lugar de ir al médico, intentar solucionarlo con el farmacéutico, así como que ya sé yo que tú sabes menos que los otros pero a ver si me ahorras las citas y las esperas: «Entonces, David, ¿yo qué voto?». Puf. No hace falta que diga que preferiría aislar la buhardilla o empezar los trámites para la declaración de familia numerosa antes que repartir ese tipo de consejos.
Se trata de una pregunta trampa. Como es 8-M, tampoco diré que es similar a cuando tu chica te pregunta que qué tal le queda ese vestido o ese pantalón y ya has caído en una trampa porque no hay respuesta posible que te permita acertar: si dices bien, es que no me has mirado, y si dices mal... Tampoco le puedo decir a nadie lo que tiene que votar porque, dijese el partido que dijese, en realidad estaría de acuerdo con todos los argumentos que me llevasen la contraria. Estoy seguro de que le pasa a más gente. Lo ponen todos muy difícil para apoyarles y el principal argumento es siempre: «ya, pero los otros...».
Así, nos adentramos en la última semana de campaña con el «ya, pero los otros...» por bandera.En esta comunidad de vecinos mal avenidos que es Castilla yLeón no se practica tanto el «y tú más» sino el «y tú llevas gobernando cuarenta años y has hecho de esto tu cortijo» y el «y tú llevas cuarenta años perdiendo y se te ve muy cómodo con el sueldazo de la oposición». Eso por la parte de los dos grandes partidos, que cuando se acercan las urnas ponen en marcha sus maquinarias electorales y parece que son los más ruido hacen. Luego, en este 15-M trasnochado, están los partidos del descontento, del desencanto, los que atraen a los que se consideran olvidados, que son los que no creen en ninguna comunidad autónoma pero sí en sus honorarios, como Vox, o quieren crear una nueva, como UPL.
El pasado miércoles se celebró un debate entre los candidatos de los tres grandes partidos y, la verdad, no fue tan mal como me esperaba. Será porque estoy tan acostumbrado al ridículo que me sorprendió que resultara mucho más llevadero que los de Aragón o Extremadura. Lo mejor, sin duda, fue cuando al candidato socialista se le olvidaba la solemnidad del momento y se apoyaba en el atril como si fuera la barra de un bar, haciendo comentarios canallescos: «¡Qué bien te queda ese tono triste!», le espetó a Mañueco.Si hubiera vocalizado un poco mejor, o mejor dicho si hubiera vocalizado un poco, y si le hubieran puesto un copa, creo que ganaba el debate y hasta las elecciones. Pese a ello, lo más significativo, lo que mejor resume el panorama, no fue ningún gesto o declaración grandilocuente, sino que, a la salida, los asesores de los tres decían de sus respectivos candidatos, como si fuese un mérito, que «no ha cometido grandes errores».
Todos ellos saben que queda una semana de campaña y eso es mucho tiempo, muchas oportunidades, para meter la pata. La más evidente es en el siguiente debate, en el que cometerán ese error tan repetido en política que es gustarse a sí mismos por escuchar únicamente a su entorno de palmeros. Antes de ello, todos los candidatos no han desaprovechado la ocasión de exhibir sus torpezas, desde la irrebatible propuesta de Mañueco de subvencionar el cambio de bañera a plato de ducha, con el que espera reducir las listas de espera para operaciones de cadera, a los discursos europeos y nacionales de Vox que demuestran su cobardía para asumir un poder que saben que quema, además del plusmarquista Martínez, que el viernes superó su propio «Castilla yBurgos» con uncontundente «León es una Castilla dentro de Castilla».
No sé a qué vienen tantas preguntas impertinentes e inoportunas en un escenario en el que todo el mundo sabe quién va a ganar y hasta lo que va a pasar después. ¡Alerta, cuñados! A estas alturas los gambazos únicamente pueden declinar la balanza un unos pocos decimales. Por eso, invito a todos los candidatos a ser valientes, que ya es tarde para disimular sus torpezas, anímense a salir de sus moldes, de los algoritmos que les imponen sus partidos, que la verdad es que empeorar lo tienen difícil, parten de muy abajo, y todo lo que les puede pasar es que nos acaben demostrando que no son tan malos como suponíamos.