Realmente es agradable ver el entusiasmo suscitado por la llegada del AVE. Los medios no hablan de otra cosa y lo celebran los políticos –con afán electoralista– los comerciantes y empresarios que sueñan con la panacea que llenará sus cajas y, no menos, la gente sencilla que lo verá pasar, pero no podrá viajar en él.
Un pájaro que llega tarde y desplumado, porque la velocidad alta no es la alta velocidad pues las condiciones de seguridad, no lo permiten.
Así pués, quedan cosas pendientes para otras ocasiones, ya se harán más tarde.
Sucede que en León, debido a la escasa capacidad reivindicativa de nuestros políticos –en consonancia con la ciudadanía– todo llega tarde y las cosas se hacen a medias; por eso cuando otras ciudades están de vuelta, vamos nosotros. Es el caso de este tren que, siendo mejor que el anterior, es mucho peor que los de Palencia y Valladolid.
Pero no es sólo eso. Son muchas las carencias de esta ciudad. Otra anomalía que afecta al AVE, es la del apeadero llamado estación pero que constituye un ‘cul-de-sac’ –como la película de Polanski– que obstaculiza los viajes a Asturias.
Podríamos seguir con la media ronda urbana en comparación con las circunvalaciones de Burgos, Valladolid u Oviedo, por citar unos casos. O la autovía León-Villarente que, tiempo ha tenido para completarse hasta su destino en Valladolid.
Otro tanto, un aeropuerto sin vuelos a cuyo respecto, nuestro alcalde actual, cuando era consejero de la Junta, parece ser que subvencionaba alde Villanubla mientras el de León languidecía.
Unos proyectos que así están y estarán hasta que San Juan baje el dedo. En cuanto al apeadero, habría que leer La Nueva España y la irritación de los asturianos hacia la situación presente que tanto les perjudica.
En conclusión, que partir de Valladolid tendremos AVE y un poco de todo lo demás. No sé por qué, los políticos que hemos padecido en León me recuerdan aquel Abundio, que vendió el coche para comprar gasolina.
Abundio vende coche
30/09/2015
Actualizado a
17/09/2019
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