Recuerdo las tiendas donde se podían comprar discos en León: Tito’s, en Alcazar de Toledo; Xidas, en la calle del Carmen y San José Radio, en Ordoño. También aprovechando los viajes al extranjero. De Londres traje a Loggins and Messina y a EL&Palmer, Hamilton Bohannon, Procol Harum y Bowie. De París a Ferrat, Brassens, PacoIbáñez, Barbara y unos discos inéditos de Bob Dylan –The Bassement Tapes– que me defraudaron. Lo mismo que me defraudó cuando actuó en León. Tocó lo que quiso, cabizbajo, y no nos dio ni una propina a pesar de los aplausos. Yo creo que no merecía un coso taurino y que quiso acabar lo antes posible y salir pitando de esta ciudad de mediocres gestores, como se percibe en el uso del Auditorio.
Aquel día, me pareció natural llevar una cajita con marihuana y un librillo para amenizar el concierto. Al comenzar la música empecé yo a liar un peta. Lo encendí y di unas caladas –dos o tres– cuando me tocan por la espalda. Me sobresalto y pienso: «Ya la he liao». Me volví… y ví a unamujer que casi podría ser mi madre que me pidió: «Anda, déjame dar unas caladas». Era el público más natural; gente madura y nostálgica que, como yo, guardaba sus discos en algún anaquel de su casa.
David se ha ido y, con él, en unos años se irá su música, como se fue la movida, los Rolling, los cantautores y los cantantes cuyos discos conservo. Cada generación vive sus tiempos y, aparte detener derecho, no nos dejan cabida en los medios. Te propongo que escuches un rato las emisoras musicales o la deleznable los 40 y, peor si cabe, los 40 latino. Cuando no puedas más, busca un lp de Bowie y escúchalo pacientemente, aunque no tengas un peta. Es el mejor homenaje que le puedes hacer y que te puedes hacer a ti mismo. En cuanto a arte no cabe aquello de que si no puedes con tu enemigo, únete a él. Eso ni en broma.
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