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Los regantes de la Valduerna se 'legalizan', pero CHD sigue rechazando inversiones

Los regantes de la Valduerna se 'legalizan', pero CHD sigue rechazando inversiones

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Con diferente vista, pero el mismo tramo del río Duerna, entre Villalis y Villamontán, cargado de agua en enero (izquierda) y sin una gota en septiembre. | L.N.C. Ampliar imagen Con diferente vista, pero el mismo tramo del río Duerna, entre Villalis y Villamontán, cargado de agua en enero (izquierda) y sin una gota en septiembre. | L.N.C.
D.L.M. | 14/03/2022 A A
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Los regantes de la Valduerna se 'legalizan', pero CHD sigue rechazando inversiones
Campo Las nuevas comunidades avanzan en la creación de una federación, mientras se rechazan las alegaciones al Plan Hidrológico y se ignora la apertura de zayas
El campo leonés mira con expectación al cielo esperando la lluvia que ponga fin a un invierno muy seco, que puede complicar el desarrollo de los cultivos. El problema afecta principalmente al secano, pero el regadío también se puede ver afectado en el futuro si las condiciones obligan a un mayor gasto hídrico y los embalses no logran acumular suficiente agua para dar garantías ante próximas campañas.

Hay una situación a caballo entre las que viven el secano y el regadío: son los ríos sin regular. Comarcas que ven como el agua se va río abajo en el invierno —no en el presente— y en la primavera, mientras en verano —hay años que ya en primavera— el cauce se seca por completo. Es el caso de la comarca de la Valduerna, que desde hace décadas viene reclamando una regulación que ponga fin a estos episodios de avenidas y estiajes que lastran el desarrollo agrícola y tienen un impacto medioambiental negativo. Desde hace siglos, los agricultores de la zona lograron sortear esta situación mediante pozos de pequeña profundidad que se recargaban en invierno desviando agua del cauce del Duerna hacia el río Peces a través de cauces denominados zayas, que existen desde la época prerromana. Durante décadas y décadas este sistema permitió dar el agua necesaria a las fincas del interfluvio de ambos cauces, unas 5.000 hectáreas de cereales, maíz y patatas, principalmente, y, en menor medida remolacha.

Sin embargo, la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) después de la traumática sequía del 2017 limitó estos trasvases, decisión que en la comarca se entiende como una condena al secano en un territorio surcado por las aguas de deshielo del Teleno. Los valdorneses han podido seguir regando, pero se les ha exigido la regulación de cientos de pequeños pozos y su organización en comunidades de regantes de aguas subterráneas, en una operación que ha exigido un gran esfuerzo burocrático a todos los interesados, ya que muchas de estas pequeñas instalaciones jamás habían sido registradas o no se conocía siquiera su titular, que en algunos casos ha ido saltando a través de varias generaciones de herederos. Pese al desafío administrativo, las comunidades se han ido formando de manera satisfactoria y ya solo tienen pendiente su agrupación en un sindicato o federación que abarque toda la cuenca. Los interesados han encargado el proyecto de legalización al estudio de ingeniería leonés Provilacor. Los comuneros esperan que esta acción sirva para empezar a plantear inversiones en una comarca que lleva medio siglo esperándolas.

En este contexto, las nuevas comunidades de regantes reiteran la demanda a la CHD para la inclusión en el Plan Hidrológico 2021-2027 de un sistema de regulación en el Duerna. La propuesta se tramitó preceptivamente en 2019 ante la exposición de los documentos iniciales del Plan Hidrológico. Pero como denuncian los regantes, “la respuesta fue ignorarlo”, por lo que en toda la comarca se efectuaron alegaciones a la revisión abierta el pasado diciembre. Un mes antes, se había solicitado la apertura de las zayas, petición a la que CHD todavía no ha contestado.

Los agricultores llevan años mostrando su situación hasta el punto de llevar sus demandas hasta la sede de la Consejería de Agricultura de la Junta de Castilla y León en una protesta en la que participó prácticamente toda la comarca, con el apoyo de varias organizaciones profesionales agrarias. La respuesta a esa manifestación fue la exigencia de legalización, como paso inicial para mejorar la gestión de los recursos hídricos de la zona. Los agricultores han cumplido —no sin sufrir presiones— y ahora reclaman avances.
Las comunidades de regantes reconocen las «particularidades», pero consideran que «es evidente el deterioro medio-ambiental ocasionado por la falta de agua durante seis meses al año, desapareciendo cada año en el mes de octubre, al cortar de forma radical el agua, todas las especies de flora y fauna acuática existentes en la red de cauces que cruzan la vega». Añaden que «el propio cauce del Duerna carece de agua en verano y otoño».

Por ello proponen «regular la cuenca con balsas de recogida que se recarguen en invierno, cuando hay mucho caudal, y se puedan utilizar en el verano, no solo para los riegos, también para otros usos y para el mantenimiento mismo del agua en el rio y como consecuencia del caudal ecológico». A ello suman una reconcentración parcelaria y la posterior instalación de sistemas de ahorro de agua, como existen en tantas decenas de miles de hectáreas de territorios que distan menos de 20 de kilómetros.

Consideran que con estas acciones «se lograrían los objetivos previstos en la planificación hidrológica de alcanzar el buen estado de las masas de agua, prevenir su deterioro y promover el uso sostenible del agua, así como contribuir a la satisfacción de demandas y al desarrollo regional». No obstante, destacan que esta regulación puede contribuir sobre todo a «que no se muera la Valduerna».
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