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Los perros que avisaron de que faltaba su amigo

Los perros que avisaron de que faltaba su amigo

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Fulgencio Fernández | 05/05/2019 A A
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Los perros que avisaron de que faltaba su amigo
Los protagonistas de la semana Moro y pequeño son los dos careas de Vicente, el pastor que tiene sus ovejas por la zona del seminario menor. Hace unos días fueron ellos los que "se dieron cuenta" de que faltaba el amigo que les visitaba cada día
Hace unos días falleció un hombre de 77 años ahogado en un pozo muy cercano al seminario menor, donde hay otros similares.

Se habló entonces del anciano, de un amigo pastor, del accidente... pero no de dos protagonistas importantes en esta historia: Moro y Pequeño, dos perros carea del pastor, Vicente, que habitualmente tiene sus ovejas por estos parajes, entre el seminario y los altos de Nava.

El hombre lo recordaba: «Él también había sido pastor, era buen amigo mío, venía por aquí, dábamos un paseo, charlábamos un rato...».

Nada más que vi las ovejas solas y que no estaban los perros supe que algo pasaba Pero aquel día cuando Vicente llegó se dio cuenta de que había ocurrido algo extraño: «Las ovejas estaban solas, que los perros nunca las dejan; tampoco vinieron a ‘saludarme’ y tuve que llamarles para que aparecieran y ya vi que venían de la parte de los pozos», recuerda este veterano pastor, hijo y nieto de pastores, que la próxima semana será homenajeado en la feria Carea de Cerezales del Condado.

El pastor siguió a los perros, que le llevaron a las cercanías del lugar donde había desaparecido, en los pozos. Allí estaba la cacha, el sombrero... y se temió lo peor y se puso el marcha el dispositivo de buscar a este hombre de 77 años, que fue hallado y rescatado después de una complicada operación de Bomberos y Policía Local a causa de las características del pozo.

Con razón suele repetir el dueño de los perros que Moro, el más veterano, «sabe trigonometría; y si no habla es porque no le hace falta», como bien demostró aquel día que desapareció su amigo.

Y Pequeño va aprendiendo, que ya se arrepiente Vicente de haber querido llamarle Judas, de lo travieso que era de cachorro.
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