Bueno, eso y alguna tarea más, que Vicente esquiló un día antes las ovejas y eso hace que anden alteradas, no quieran parar quietas y le den más trabajo del acostumbrado... a Moro y Pequeño, los dos careas que le acompañan a todas partes. «El Moro sabe trigonometría, y no sabe hablar porque no le enseño, que no hace falta».
Vicente lleva con evidente orgullo su condición de pastor de larga tradición. «Fue pastor mi padre, mi abuelo, mi tatarabuelo y más allá... de Fresno de la Vega, pero he tenido los rebaños por todos los puertos de la Montaña, por la zona de Riaño, muchos años en Sancenas, con Paulino El Manco...». Yal recordar al pelirrojo manco, el pastor que mejores calderetas hacía en la majada, no puede evitar un comentario: «Paulino es la mejor persona que se puede conocer, me gustaría que le tocara la lotería porque si le toca a él nos toca a todos, no hay mejor amigo».
- Vicente, eres hijo, nieto y no sé cuántas generaciones de pastores ¿Te gustaría que los hijos fueran pastores?
- ¡Quita para allá! ¿Pastores? ¿Tú sabes cómo está esto de las ovejas? La suerte que tengo es que tampoco ellos iban a ser pastores, que tienen carrera todos, y no tienen que agarrase a este oficio que lo han destrozado.
Y lo siente. No solo porque ha sido el oficio de varias generaciones de su familia sino porque sabe que es un trabajo muy necesario en otros muchos aspectos. Mira cómo está todo este monte, que lo come la maleza. No se dan cuenta, pero dentro de unos años, sin rebaños de ovejas y cabras, empieza un fuego aquí y no para hasta Madrid... Ah, y no te olvides de los jabalíes y los bichos, que nos van a acabar comienzo a todos».
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.