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"Lo que no perdono ni un día es la siesta"

"Lo que no perdono ni un día es la siesta"

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María Martín Rodríguez soplando las velas del 107 cumpleaños en Madrid, donde ahora vive con una hija. Ampliar imagen María Martín Rodríguez soplando las velas del 107 cumpleaños en Madrid, donde ahora vive con una hija.
Fulgencio Fernández | 02/01/2020 A A
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"Lo que no perdono ni un día es la siesta"
Sociedad Maruja Martín acaba de cumplir 107 años en Madrid, donde vive con su hija. Casada en Boñar, vecina de Vegamián hasta el cierre de la presa, goza de excelente salud "sólo me fallan algo las piernas"
«Está perfecta, le fallan algo las piernas, pero de lo demás está muy bien. Ahora se acostó a dormir la siesta, que ésa no la perdona, pues en Nochevieja no aguantó hasta las uvas —se suele acostar a las diez y media— y las tomó en Año Nuevo en la comida, con una copa de cava y dijo ‘igual me ha hecho efecto’... Pues a la siesta».

Así explica Conchita Espinosa cómo ha recibido el año su madre, María Martín Rodríguez (Maruja), que unos días antes cumplió 107 años, siendo así la leonesa más longeva junto a Consuelo Martínez, de Santovenia de San Marcos, que también tiene 107 años y unos meses más que Maruja, nació en mayo.

Maruja nació realmente en Mieres, pero su madre falleció en el parto e hizo su vida entre Boñar y Vegamián. En la primera de las localidades su familia regentó un conocido hostal y a Vegamián se fue con su marido, natural de allí, hasta que el pantano les obligó a irse, primero a León y, al morir su marido, a Madrid con su hija que, sobre el tener que abandonar su pueblo señala: «Mi madre la verdad es que lo recibió con alegría, ella era una señorita de Boñar y decía que había ido a meterse entre vacas, por eso no lo lamentó y empezó una nueva vida pues, ya jubilada, viajó, tuvo nuevas amigas, iba a los hogares de jubilados».

Maruja lleva en Madrid una vida tranquila, con el único impedimento de la movilidad que le impide salir a la calle, y es madre de tres hijos, 5 nietos y dos biznietos. «El trago más duro de su vida fue, sin duda, tener que enterrar a uno de sus hijos, mi hermano, el único varón, pero la mente humana es muy sabia y ella muy fuerte y se supo reponer», explica su hija Conchita desde Madrid.
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