San Pedro Bercianos vuelve a abrir el suco. El suyo es simbólico; algo así como una hendidura en la tierra de la costumbre que ha ido aportando a esta localidad del Páramo leonés el color suficiente como para considerarla una especie de galería. Y es que este año se cumplen cuatro desde la primera edición de un iniciativa que hace del arte un vecino más del pueblo.
A los mandos del Festival Suco está, desde la primera edición, la asociación cultural homónima que preside Iván Pañeda Sarmiento. «Este año nos hemos centrado mucho en otros tipos de arte», cuenta a modo de anticipo sobre la que ya es una cita, sobre todo, con el muralismo. Una cita que, en esta ocasión, quiere abrirse –y lo hará– a otras disciplinas artísticas. «Va a ser muy participativo y habrá talleres de estampación, de cerámica...», sigue Pañeda, que menciona igualmente la elaboración de obras colectivas, mano a mano con los artistas invitados, y la creación de «un espacio para que la gente pueda exponer su trabajo u ofrecer cualquier cosa, como un mercadillo».
Habrá también comidas populares, una conferencia del director Eugenio Monesma y hasta un improvisado estudio de tatuaje y una peluquería. Todo de la mano de un evento que se celebrará los días 11, 12 y 13 de septiembre y que este año sumará una docena de intervenciones artísticas. «Serán aproximadamente unos 18 artistas y unas ocho personas que vengan a impartir los talleres», explica el paramés: «Haremos también una exposición con obras de los artistas que vienen a hacer las intervenciones y de los organizadores, porque los que lo organizamos somos todos artistas también».

Fue, precisamente, fruto del mural que el colectivo Peripecia Creativa hizo para «contar la historia del pueblo» como surgió Suco, que en cada edición se esfuerza por sembrar el arte con el que va dotando paulatinamente a la localidad de más y más creaciones. Y, aunque el futuro reina en el hablar de Pañeda de cara a la nueva edición, lo cierto es que la iniciativa no sólo ocupa su tiempo durante los días en que se produce. Lo más justo sería entonces hablar del festival siempre en presente. «La idea es convertir el pueblo en un museo al aire libre», revela Pañeda, con la mira puesta en la creación de «un paseo de esculturas». No faltan ideas entre los impulsores del festival. «Nuestro sueño sería en un futuro poder hacer como un espacio de artistas en el pueblo», continúa: «Que pueda venir algún artista y estar ahí unos meses, cederle un espacio y que pueda crear y colaborar con la gente del pueblo».
Ese sueño a futuro no impide a la asociación centrarse, primero, en los próximos pasos. Cuenta el leonés que, para esta edición, han «solicitado una subvención para hacer un tablón de anuncios y poner ahí un mapa con todas las intervenciones que hay por el pueblo» en una suerte de recorrido que sirva para atraer a nuevos visitantes. El número total de obras, entre murales y esculturas –teniendo en cuenta las que se culminarán este cuarto año–, ya ronda el medio centenar. La cifra es significativa si se tiene en cuenta el número de habitantes del municipio, que en 2025 ascendía a 218 entre San Pedro Bercianos y la Mata del Páramo. «Viviendo todo el año, seremos unos sesenta y pocos, porque yo vivo en San Pedro todo el año», calcula Pañeda sobre el núcleo donde se desarrolla el festival, que tendría entonces algo menos de un mural por cada habitante no estacional.

«Esto lo hacemos por amor al pueblo y porque creemos que los pueblos son algo necesario para tener un mundo sostenible», resume el paramés, presidente de una asociación que, a pesar del crecimiento de la iniciativa, sigue siendo pequeña: Pañeda es uno de sus seis únicos miembros. Son ellos los que llevarán la música de Ferla Megia, Dakota Sluiten y Trebolé y literatura de la mano de la asociación El Páramo Lee, entre otras muchas propuestas. «Nuestra idea es ser cada vez más autosuficientes», asegura Pañeda: «Nuestra filosofía tiene que ver también con lo rural, con los oficios que se están perdiendo y con la combinación de lo tradicional y lo contemporáneo para que los artistas que vengan vean técnicas de antaño y puedan aplicarlas a ténicas contemporáneas de creación».
Todo de la mano de un festival, el Suco, que –reitera el leonés– nace «por amor al pueblo». Que crece y se reproduce, lejos de morir, con la «intención de quedarse en el pueblo».
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