El verano en León no se entiende sin las fiestas de los pueblos y, desde hace ya unos años, tampoco sin las charangas. En agosto, especialmente, es difícil pasar un fin de semana por la provincia sin encontrarse con alguna.
Pero las charangas de ahora poco tienen que ver con las de hace una década. De esa evolución sabe bien Fran, trompetista de la charanga leonesa ‘Sin Control’, una formación que nació hace más de diez años entre varios amigos vinculados a una banda de Semana Santa, y de la que Fran pasaría a formar parte años después. "Se juntaron unos amigos de las Siete Palabras con otros compañeros porque querían hacer una charanga y empezar a tocar por los pueblos. Poco a poco eso fue evolucionando hasta lo que es ahora, un proyecto más profesional. Las charangas han pasado de un mundo mucho más amateur a otro cada vez más profesionalizado, con más preparación y más estudios", explica.
Cuando Sin Control comenzó, Fran recuerda que en León apenas había cinco charangas. Ahora calcula que rondan la decena y, sobre todo, considera que ha cambiado el papel que desempeñan dentro de las propias fiestas. "Antes el concepto de charanga estaba más asociado al dulzainero, a las dianas y a tener un poco de música para dar ambiente al pueblo. Ahora casi funciona como una miniorquesta, pero en música de calle, en directo, sin escenario y sin micrófonos. También ha crecido mucho el concepto de peña y la identidad de las fiestas de los pueblos, cada vez se invierte más y todo eso ha hecho que la charanga sea más un espectáculo que simplemente música de ambiente".
Ese crecimiento se nota especialmente durante el verano. Javi, integrante de la charanga ‘Dos Rombos’ y encargado de la caja, afronta su tercer año en la formación y reconoce que agosto es el mes en el que prácticamente no paran. "Lo normal es que las fechas sean el fin de semana, aunque algunas veces empezamos ya el jueves. Sobre todo en agosto hay días de tener que ir corriendo de un pueblo para otro, incluso dormir en alguno y madrugar para ir a la siguiente actuación. Los fines de semana suelen ser bastante moviditos".

A pesar del cansancio, ambos coinciden en que es difícil vivirlo como un trabajo cualquiera. "Lo que más me gusta es que vas a trabajar y te lo pasas bien. No es solamente tocar, también vas con tus amigos y compañeros de charanga, y muchas veces haces buenas migas con las peñas o con la gente de los pueblos y luego mantienes la relación con ellos", cuenta Javi. Fran añade que esa actitud acaba siendo también parte del propio espectáculo: "Si no estás a gusto tocando, el público lo nota. Esto es un servicio y tienes que estar de cara a la gente con una sonrisa, con ganas y actitud, porque estás en un ambiente festivo y la gente quiere que tú estés al mismo nivel de diversión".
Precisamente esa cercanía con el público es una de las razones por las que las charangas se han convertido en habituales no solo en fiestas de pueblo, sino también en bodas, despedidas, cumpleaños o celebraciones privadas. Javi lo resume de forma sencilla cuando se le pregunta qué perderían los pueblos si desapareciesen: "Mucha vida. Una charanga no solo te da música, también te da ambiente, fiesta y buen rollo. Antes era menos común verlas, pero ahora prácticamente todos los pueblos cuentan con una y perderías parte de la esencia de una buena fiesta de pueblo".
Además, el público de las charangas hace tiempo que dejó de limitarse únicamente a los más jóvenes. Fran asegura que niños, adultos y mayores acaban parándose a verlas, aunque no todos conozcan las canciones. "A día de hoy va un poco a todas las edades. Como las charangas están ya en un nivel más de espectáculo o de show que simplemente de escuchar música, desde los niños hasta los mayores se quedan viéndolo aunque no conozcan el repertorio. Es un poco como pasa con las orquestas de los pueblos: hay quien canta y baila, pero también quien simplemente va a contemplar el espectáculo".
Y aunque durante estos meses todas intenten llenar sus calendarios, entre ellas prima más la colaboración que la rivalidad. "Siempre nos echamos un cable. Si a una charanga le falta un caja, un bombo o cualquier músico, se llama a alguien de otra y va a tocar con ellos. Yo mismo he tocado con varias. Sobre todo en agosto, que hay mucho jaleo y puede haber gente de vacaciones, recurrimos unos a otros sin problema. Al final todos somos amigos", explica Javi.
Sin Control ha llevado además ese formato mucho más lejos de las fronteras de la provincia. Después de actuar en diferentes puntos de España, el pasado año puso en marcha su Eurotrip, un viaje de quince días en furgoneta por varios países europeos. "El proyecto nació durante la pandemia. La idea era salir desde León, recorrer el máximo número de países posible y volver a León en un plazo de unos quince días. Fuera también existe este concepto: aquí lo llamamos charanga, pero en Europa se habla de ‘brass band’ y en Francia de ‘fanfarria’. Al final el sentido es el mismo, música de calle tocada en directo", explica Fran.

Eso sí, pese a la profesionalización, vivir únicamente de trabajar en una charanga sigue siendo complicado. "Tienes un pico muy bueno en verano, pero después estás cuatro o cinco meses en barbecho. Es un trabajo bastante sacrificado, poco remunerado y que funciona mucho por temporadas. A día de hoy, prácticamente todos tenemos que compaginarlo con nuestros trabajos habituales", reconoce Fran.
En Sin Control, de momento, quieren seguir dando pasos. Su próximo objetivo es seguir trasladando parte de lo que hacen en la calle al escenario a través de ‘El Desconcierto’, un formato que llevan realizando cuatro años en una sala de León, y continuar trabajando en versiones y temas propios. Pero, por mucho que cambie el formato, el verano seguirá llevándoles allí donde empezó todo, los pueblos.
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