El transformador transformado

Carrizal, la pequeña localidad leonesa del municipio de Valderrueda, solicitó a los actuales dueños el viejo transformador de León Industrial y es hoy... la torre del reloj

17/05/2026
 Actualizado a 17/05/2026
El abandonado transformador de Villomar, famoso por su pintada; y cómo ha quedado el restaurado de Carrizal de Almanza, con reloj y campana. | L.N.C.
El abandonado transformador de Villomar, famoso por su pintada; y cómo ha quedado el restaurado de Carrizal de Almanza, con reloj y campana. | L.N.C.

A veces el paisaje también ofrece sorpresas agradables, no todo son museos de los errores.

Unos edificios que puedes encontrar en la mayoría de las comarcas de la provincia son los antiguos "transformadores de la luz» de la empresa León Industrial (la LI de la pared lo constata) que vienen avanzando hacia la ruina desde hace bastantes años al perder su función inicial o ser sustituidos por medios más modernos. Uno ‘famoso’ es el que hay a la entrada de Villómar —yendo de Mansilla hacia Cistierna—pues soporta desde hace muchos años una histórica pintada: "No a la cárcel"*. Es decir, nos vamos al siglo pasado pues fue inaugurada en 1999 y la pintada recuerda las protestas previas.

Otro que llamaba la atención era el de La Bodas, pues se habían ido cayendo los ladrillos de la base, se sustentaba en dos paredes y su permanencia en pie, al margen de un peligro, era un canto a la supervivencia y la estabilidad precaria. Tuvo que ser derruido por seguridad.

Pero hay, al menos, uno que se salvó y se ha convertido en un símbolo de un pueblo, la pequeña localidad de Carrizal, en el municipio de Valderrueda, que ha convertido "lo que era el viejo transformador en la torre del reloj", en palabras de su presidente de la Junta Vecinal, Ignacio Gutiérrez.

La obra de Carrizal es un ejemplo de cómo un edificio que desembocaba sin solución en la ruina tuvo un final feliz. "Nos pusimos en contacto con Iberdrola, que es quien heredó los ‘bienes’ de León Industrial, ya desaparecida, y no tuvieron ningún problema en cedérnoslo. Después accedimos a una subvención del Instituto Leonés de Cultura y arreglamos las paredes, colocamos el reloj que le da ahora nombre a la torre y en otro lateral una campana. El interior es bastante reducido por lo que utilizamos como un pequeño almacén, que nos da mucho juego", explica Gutiérrez, mientras señala hacia otra cercana obra comunal, la bolera cubierta, una de las pocas existentes en la provincia y, seguramente, la más grande de todas.

Archivado en
Lo más leído