El Teatro Emperador sin paraíso

Bruno Marcos escribe sobre la nueva promesa de reabrir el mítico Teatro Emperador después de veinte años clausurado

Bruno Marcos
29/11/2025
 Actualizado a 29/11/2025
Estado actual del paraíso del Teatro Emperador, clausurado hace casi veinte años.
Estado actual del paraíso del Teatro Emperador, clausurado hace casi veinte años.

Cada poco nos avisan de que el gran cadáver insepulto del Teatro Emperador, que yace en el mismo corazón de la ciudad desde hace casi veinte años, va a resucitar incorporándose desde el suelo del olvido como si lo imposible no lo fuera.

Generaciones de políticos han ido, una tras otra, a sus puertas para prometer el milagro mientras las arañas se apoderaban de los palcos y las lámparas, mientras las únicas actrices que actuaban en su escenario eran las ratas y se depositaba sobre el patio de butacas una espesa capa de tiempo solidificado en polvo.

El otro día, el actual ministro de cultura de un gobierno con muy poco futuro vino a anunciar un gran futuro para nuestro teatro muerto; otra vez, a ver si nos lo creemos por lo menos hasta que pasen las elecciones. Pese a que no se dieron fechas, ni presupuestos exactos, ni se firmó nada, después de las fotografías de los políticos con el fallecido al fondo, sin dejar entrar a la prensa para verlo, lo que sí se nos adelantó fue que, aunque no haya proyecto definido, en el teatro por venir no iban a caber las mismas personas que antes, un par de cientos menos, y que se le quitarían cosas, entre ellas nada menos que el paraíso, ese balcón de butacas elevadas sobre el suelo hasta tocar casi el altísimo techo, vulgarmente conocido como gallinero, la zona sobre el último anfiteatro donde las entradas eran más baratas pero donde casi no se veía y se oía poco, es decir, el sitio de los espectadores pobres o de los rezagados que no encontraban otras localidades cuando los espectáculos de éxito llenaban el aforo.

Seguramente, la portentosa inteligencia del escritor leonés José María Merino imaginó que desde ese paraíso, precisamente, ascendiera el niño lobo del Cine Mari en su magistral cuento, a través de la oscuridad multicolor, hasta desaparecer en la ficción de la pantalla cinematográfica mientras se proyectaba la película ‘La guerra de las galaxias’.

Lo que parece desear la nostálgica población de esta ciudad es que vuelva aquel teatro, no quiere un teatro nuevo sino aquel, con todo lo que tenía, restaurado de forma que no se note, sin quitarle el paraíso como se le quita a los fantasmas, o a los muertos vivientes, o a los que se decía que estaban en el purgatorio.

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