Los personajes de la película titulada ‘Sirāt’ del director Óliver Laxe, que dentro de poco representará a España en los premios Óscar y compite ahora por los Goya, acuden a un lugar apartado y desértico en el que permanecen bailando durante interminables horas. Da la sensación de que intentan olvidarse de todo, quedarse fuera de la civilización, desprenderse del tiempo, eliminar los recuerdos y no generar otros: mantenerse en un trance vacío. Parecen cuerpos sin pensamiento a los que un sonido hipnótico ha atraído desde diversos rincones del mundo hasta una inhóspita llanura en la que danzan como derviches sin religión. Personas que, muy probablemente, no han oído hablar del nihilismo pero que han sido atrapadas por él.
Bailan cada uno como quiere, con los ojos cerrados, en lo que resulta ser una reunión multitudinaria de soledades. No hay música en vivo como en otros conciertos sino grandes altavoces que emiten una fantasmal música electrónica que se repite sin parar, algunos se exponen a pocos centímetros de ellos como si deseasen ser traspasados por ella. Intentan no molestar a nadie organizando sus ‘raves’ escondidas en parajes deshabitados pero provocan pena a la vez que rechazo, están donde no quisiéramos llegar, a lo más parecido a una fiesta espectral.
A medida que avanza el largometraje se sabe que van de un concierto a otro como si hubieran desertado de la vida convencional, inadaptados que huyen de no se sabe qué, seres que han perdido algo, no en vano los actores son amputados reales, a uno le falta una mano y a otro un pie. La escapada es su vida, pero huir supone entrar en zonas peligrosas, convertirse en exploradores, en aventureros, doblemente supervivientes entre aquello de lo que se alejan y lo desconocido hacia lo que avanzan.
A los que sobreviven, finalmente, se les ve sobre el tejado, a pleno sol, de un anticuado tren en el que viajan integrados entre los olvidados de la tierra. Su huida les ha llevado a pertenecer a ese grupo de desheredados que mira la solitaria vía que, en medio del desierto, lleva al horizonte donde no se ve nada.
‘Sirāt’ es una película existencialista, no un ensayo filosófico sino un documento visual apabullante que no teme alargar el tiempo ni registrar la belleza y en el que la ficción, la historia, no son sino un excusa para otra cosa. Por eso no hay diálogos profundos, por eso la narrativa es débil, por eso las impresionantes imágenes del desierto dan miedo con la irritante música electrónica como banda sonora: para plasmar, sobre la pantalla, la dimensión clásica de la naturaleza como sublime abismo y la vida como una tragedia sin sentido.