Serrat: "Necesitamos aprender a escuchar y a descifrar la mentira"

El célebre cantante catalán repasa su trayectoria y la actualidad en una entrevista concedida a La Nueva Crónica con motivo de la entrega del Premio Leteo, este miércoles en el Auditorio de León

19/10/2026
 Actualizado a 19/10/2026
Joan Manuel Serrat durante la entrevista con La Nueva Crónica, el pasado sábado, en Madrid. | JOAQUÍN RICO MARTÍN
Joan Manuel Serrat durante la entrevista con La Nueva Crónica, el pasado sábado, en Madrid. | JOAQUÍN RICO MARTÍN

Ha pasado los 80 pero aún conserva la sonrisa, mitad inocente mitad pícara, de cuando fue niño. Contesta a los correos, llama por teléfono y hasta sale a abrir la puerta del portal sin intermediaros. Y también sale a despedir. Mientras cuenta que tiene que ir a hacer un recado hasta una ferretería de calle Leganitos, pronto le reconocen los paseantes y los turistas, que se arremolinan y le hacen fotos. Los monumentos pueden esperar.

Joan Manuel Serrat es una de las personas más populares y queridas no sólo en toda España, sino también en toda América latina. El miércoles recibe en León el Premio Leteo, que ya lleva 26 ediciones, y repasa en esta entrevista parte de su vida, en la que nunca, ni en los peores momentos, ni por supuesto tampoco ahora, ha huido del compromiso con su tiempo.

– Quería empezar preguntándole por la temporada que ha pasado desde hace tres años más o menos, cuando anunció que se retiraba de los escenarios pero dejó muy claro que no se retiraba de cantar o de escribir.

– Dejé los escenarios pero no he dejado de vivir, y la vida conlleva todas esas cosas que dices, aunque ahora las haga a escala familiar o muy reducida. Va a hacer pronto tres años que dejé de hacer giras y en este tiempo he tenido una actividad tremenda. Ya sabes que uno se retira y es un no parar. Afortunadamente, he encontrado el tiempo para muchas cuestiones a las que antes no podía acudir, tener una relación más estrecha con la gente cercana que no formaba parte de la gira. Y la verdad es que, como nunca me peleé con mi profesión, no di un paso al lado por cuestiones de no sentirme bien con lo que hacía o conmigo mismo, porque yo estaba perfecto, pensé que en la vida todo tiene un tiempo y, sabiendo que es tan escaso, más valía guardarme este tiempo de propina que me ha regalado la vida para hacer cosas y no poder echarle la culpa al oficio de que no he podido hacerlas.

Entrevista Serrat 4
Joan Manuel Serrat durante la entrevista con La Nueva Crónica, el pasado sábado, en Madrid. | JOAQUÍN RICO MARTÍN

– En su caso, si canta solo a escala familiar, seguiría siendo una multitud.

– Es un tamaño, sí, pero era una manera de hacerme entender. Sí, tengo la suerte de tener una familia bastante amplia, sanos, felices, he crecido con ellos y han crecido conmigo, así que es fantástico. Y eso no para, tú.

– Pienso en la vida que puede llevar ahora Joan Manuel Serrat después de toda una vida muy intensa actividad, pienso en que le lloverán reconocimientos aquí y en América, y me pregunto qué ha visto en este premio Leteo para aceptarlo, si es por el prestigio, si es por la nómina de ganadores, que ya son 26 y están algunos de los grandes la literatura internacional, si es por viajar algunos días a la maravillosa ciudad de León…

– Yo no elijo los premios. No los acepto porque los elijo. Los agradezco porque me los ofrezcan. Se daban las circunstancias para poder estar, para cumplir con el premio y con quienes lo convocan. Para mí, además, es importante tener un rato con la gente, no querría ser el premiado que coge el premio y se va. Es algo que me parece muy complementario con mi vida.

"Mi relación con León no ha sido muy grande. Se ha limitado a las actuaciones que he hecho, alguna vez que he podido viajar por El Bierzo o algún viaje que haya hecho por Babia"

– ¿Cuál ha sido tu relación con la provincia de León? Imagino que habrá cantado allí alguna vez.

– No muy grande. Se ha limitado a las actuaciones que he hecho, alguna vez que he podido viajar por El Bierzo o algún viaje que haya hecho por Babia. Para la oferta que León tiene y da, la que me ha permitido mi profesión, la verdad, que con todos los años que me he dedicado a esto, no ha sido tanta. Recuerdo que las primeras veces que fui, fui también empujado porque tenía un compañero mío que estaba estudiando Veterinaria allí, cuando León era una de las pocas facultades de Veterinaria que existían. Aquel yo creo que fue el primer viaje. Estuve unos días allí. Y recuerdo en especial, entre los muchos viajes, uno que fue muy divertido, un día que tuve que tocar en la plaza de toros, con un frío horrible, y descubrí que la plaza de toros de León tiene hierba. No había visto nunca una plaza de toros con hierba. Recuerdo mucho aquel concierto, tanto por lo agradable que fue y por lo curioso como por el frío que pasamos aquella noche.

– En una comarca muy bonita de León, Omaña, había un bar que ha cerrado hace poco, el de Maxi, en Vegarienza, donde guardaban con orgullo una fotografía suya de una vez que fue allí a comer. Para su propietario, que Serrat hubiera comido allí era uno de los principales acontecimientos de su vida.

– Seguramente para mí fue un acontecimiento, porque pasar por allí para comer es porque algo debió mover mi mecanismo de los instintos.

– Ha hablado de Babia. Mi padre es de Babia y yo traigo un encargo de mi padre, que le recuerde la Universidad Laboral de Tarragona, porque tanto él como usted estudiaron allí. Me pidió que se lo recordara.

– ¿Qué años tiene tu padre?

– 84.

– Bueno, pues estaría un curso… ¿Estudió el bachiller laboral?

– Eso es, sí.

– Estaría en el curso anterior al mío.

– Usted salió de allí como fresador, si no me equivoco.

– Tornero fresador. La tarjeta es mucho más grande: bachiller laboral superior, modalidad industrial minera, especialidad tornero fresador. No cabe en una tarjeta.

– Profesión que supongo que nunca llegó a ejercer.

– Pues no, pero trabajé el torno y la fresa con normalidad. Desde los 13 años, que ingresé, hasta los 16, tuve que hacer talleres primero de carpintería, luego de electricidad, luego de mecánica y luego ya de maquinaria. Y la fresa y el torno, especialmente la fresa, tuve oportunidad de practicarlos en un par de ocasiones en mi vida, trabajando en la Vasco Catalana, unos talleres de reparación de barcos que había en Barcelona, y en SACEM, que era una empresa constructora de máquinas industriales. Pero fueron experiencias muy puntuales. Yo tenía la mente puesta en otros objetivos, que por entonces no eran aún los de la música.

– ¡Ah! ¿No?

– No, qué va. Era muy joven y entonces aún no me había pasado por la cabeza. Yo no empecé a pensar en hacer música hasta los 20 años. Y estoy hablando de cuando tenía entre 15 y 18 años. Cuando empecé a manejar el torno, no llegaba a la bancada y tenía que trabajar encima de un cajón de Coca-Cola que ponía debajo para poder manejarme. Poner el plato era para mí un ejercicio digno de la halterofilia más especializada.

"Un día toqué en la plaza de toros, con un frío horrible, y descubrí que tenía hierba. No había visto nunca una plaza de toros con hierba. Sí recuerdo que fue un concierto maravilloso"

– ¿Y la música? ¿Cuándo llamó?

– Bueno, yo he hecho música toda mi vida, pero no aprendí a tocar un instrumento hasta los 16 años. Y siempre lo hice de una manera muy amateur. Yo no me planteé el hecho de dedicarme profesionalmente a la música hasta después de haber tenido ya un disco que fue número uno en España, que fue ‘Cançó de matinada’ y ‘Paraules d’amor’. Con aquel disco me planteé la posibilidad de poder dedicarme profesionalmente, porque ya me exigía tiempo. Pero mientras pude compatibilizar este tiempo con el estudio y con trabajar en chapucillas para ganarme la vida, pues lo hacía. En aquel momento estaba haciendo el tercer curso de Ciencias Biológicas, unos estudios que empecé cuando terminé Peritaje Agrícola. Empecé a hacer Biología, un camino que yo pensaba seguir y que dejé porque no me era posible compatibilizar la universidad con el trabajo artístico. Y esos fueron los inicios, por así decir.

– Ahora se ha retirado de los escenarios y por el camino han pasado muchísimas cosas. Sus canciones han pertenecido a varias generaciones, son como himnos de distintas generaciones, que es lo más difícil, el gran mérito. ¿En qué momento tuvo la sensación de que esas canciones dejaban de pertenecerte solo a usted?

– Las canciones dejan de ser tuyas, el éxito se apropia de las canciones, cuando las canciones las cantan los demás, cuando las canciones han llegado a los demás. Sin necesidad siquiera de que se conviertan en himnos, porque cuando ya se convierten en himnos esto ya es otra historia, es el súmmum del éxito. Es cuando se olvidan del autor completamente y cantan aquello. Yo lo descubrí un día que andaba dando vueltas con un coche por el Ampurdán. Por la noche, en un entoldado… Los entoldados han sido durante muchos años los lugares donde se celebraba la fiesta mayor de la localidad. Era un teatro montado, un escenario, y cabían a veces 3.000 personas que pagaban durante el año el palco o lo que fuera. Allí era el baile, allí se celebraban los concursos del pueblo, allí se hacía todo. Era el local social. Y era un montaje como el que puede tener un circo, con tirantes y palos y todas estas cosas. Entonces un día, pasando por allí al lado, estaba tocando la Orquesta Maravella. Me paré a escucharlos. Desde fuera, evidentemente, se escuchaba todo. Dejé el coche allí, me hice un cigarro, en aquella época fumaba, y me puse a escucharlos. Y en un momento determinado la orquesta, entre aquel popurrí de canciones que estaba tocando, como entre concierto y baile, tocó una canción mía. Ahí fue donde, después de llevar ya un par de años tocando y haciendo canciones, descubrí de qué manera una canción iba dejando de ser tuya a medida que empezaba a formar parte del patrimonio de tu país, de tu gente, y más allá de tu tiempo. Fue un sentimiento sumamente emocionante. Estaba solo, absolutamente solo. Bueno, solo con muchas personas dentro que cantaban la canción y yo estaba fuera.

– ¿Qué canción era?

– Paraules d’amor.

Serrat y David
Joan Manuel Serrat durante la entrevista con La Nueva Crónica, el pasado sábado, en Madrid, con David Rubio. | JOAQUÍN RICO MARTÍN

– Lo difícil del arte, de cualquier tipo de arte, es que no caduque con el paso del tiempo y que, al contrario, siga emocionando. ¿Hay alguna canción que sienta que ha cambiado de significado con el paso del tiempo? Que la hiciera pensando en una cosa y que ahora, por las circunstancias, parezca que habla de otra.

– Claro, todo se mueve. Incluso sin dejar que pase el tiempo, yo he escrito alguna canción que para mí tenía un significado claro, situado en un lugar determinado, con unas aspiraciones también claras, que hay gente que la ha entendido de otra manera porque ha adecuado la canción a su tiempo, a sus circunstancias, a sus cosas. Lo que tú estás diciendo refiriéndote a una cosa, a unas circunstancias, para otros está diciendo otro tiempo y otras circunstancias. Sí, ocurre con algunas canciones, pero eso no les quita valor. Al contrario, yo creo que les da valor. Una canción, de cualquier manera, como una obra de arte, mayor o chiquita, no está completa sin el que está observando esta obra de arte, sin el que está mirando, sin el que está escuchando. Sin este otro, sin este cómplice, la obra no está completa.

– Ha dedicado una parte importante de su obra a la poesía…

– Una parte. Lo que pasa es que, como ha tenido mucho éxito la parte que he dedicado a la poesía, parece que sea mayoritaria.

– ¿Sigue leyendo poesía hoy?

– No paro. La poesía para mí sigue siendo… Bueno, la novela mucho también. La novela, sobre todo la novela histórica, pero también leo cosas que se pueden catalogar de ensayos. Pero sobre todo es que la poesía siempre la he disfrutado mucho. Aparte de haber hecho canciones con poesía que amo, gozo mucho la poesía cuando una frase me mueve de una manera especial mis instintos, mis sensaciones, me emociona. La poesía tiene esta contundencia emocional que también la puede tener la novela, pero la poesía la tiene en aquella frase determinada, sin importar en absoluto todo lo que se mueva a su alrededor. En la novela normalmente aquel momento que llega a emocionarte está muy afincado en todo lo que hay delante y detrás. Es una forma de decirlo. Pero yo sí, la poesía la amo. La creo imprescindible y todavía sigo leyendo y releyendo todo aquel mundo, desde nuestros clásicos del Siglo de Oro hasta la fecha. La poesía también permite descubrir constantemente muchos rincones escondidos que un poema tiene. El poeta suele ser concreto, muy concreto. Necesita de poco para contarte mucho, para agitarte mucho. El novelista, por lo general, necesita más crear un contexto, una situación, unos personajes…

– Eso es lo que comparten el poeta y el cantante, que necesitan de poco para contarte mucho.

– Sí, esta es una de las partes en las que coinciden. De cualquier manera, yo creo que la poesía y la canción son cosas diferentes. A pesar de que el poeta, en muchos casos, no siempre, ya tiene un ritmo y generalmente una rima también con la que él baila su poema, el escritor de canciones siempre tiene que ir ahí. Por eso quizá ocurre, o al menos he conocido muy buenos poetas que, en la tesitura de tener que escribir una canción, flojean mucho. Yo no sé si es porque se les caen un poco los anillos al tener que hacer esto, porque desconocen también un poco la técnica en la que se mueve la canción o sencillamente porque consideran que la canción, respecto a la poesía, es una hermana, no menor, es una hermana de la caridad.

"El éxito se apropia de las canciones y dejan de ser tuyas"

– Cuando puso música a los poemas de algunos de los grandes de la literatura española, ¿qué necesitaba que tuviera el poema? ¿Ritmo, música o emoción?

– La emoción, lo último que has dicho. Lo primero que necesitas es emocionarte. Te has de emocionar con aquello. Piensas inmediatamente: «Qué hermosa canción podría ser esto». Tienes que empezar a ver algunos defectos para poder construir esta canción tan hermosa y tienes que buscar también por dónde le metes mano, entre comillas. Pero, claro, lo primero es: «Qué argumento más bueno, qué construcción más perfecta, qué paso, en muchos casos, qué estribillo más bueno». Lo primero es emocionarte y tener esta profunda sensación de admiración y envidia. Y luego quizá a mí me ha ayudado mucho, probablemente, el descaro. Al ser más joven, el descaro de la ignorancia a veces te permite meterte por caminos que, de alguna manera, la prudencia del tiempo te aconsejaría no usar. Pero está bien que ocurran ambas cosas.

– Si pudiera hablar con el chaval que salió de la Universidad Laboral de Tarragona, ¿le diría que no renunciara al descaro?

– Yo le diría: «Qué suerte has tenido, chaval. Qué suerte vas a tener». Eso le diría.

– Usted sigue leyendo poesía, hay gente que sigue escribiendo poesía y se sigue publicando poesía, pero en un mundo de pantallas… ¿dónde queda la poesía?

– Yo creo que en este tiempo hay mucha gente que publica poesía, pero igual que hay mucha gente que publica todo tipo de cosas. La facilidad de la publicación es inmensa. La facilidad de poder acceder, por ejemplo, a partir de internet, a hacer copias, a partir de muchas cosas… Lo que es difícil es venderlas. Lo difícil es interesar. Es muy difícil. Diariamente no sé cuántos libros distintos se publican en España. Y, a pesar de que quizá dentro de la crisis general que sufre la difusión de la cultura la menos notable sea la de los libros, a pesar de todos los artefactos que puedan usarse para la lectura, a pesar de los iPads, a pesar de todo esto, el libro sigue vendiendo. Y el buen escritor sigue vendiendo. El buen escritor sigue pudiendo ganarse la vida con ello. No a todos les dan un Planeta cada día, pero bueno… Se quejan mucho y tienen razón, pero de todos es el que tiene, de alguna manera, menos dificultades. Pero ya te digo, se publica tanto que a veces es muy difícil, si no tienes tus consejeros, y me refiero a los buenos profesionales de la crítica, a los amigos expertos, a los libreros…

– A los editores.

– Sí, que te van informando, sería un mundo de locura.

"Si los culpables de los problemas se van de rositas, todo se acaba desnaturalizando"

– Un mundo de locura es el que vivimos. Estamos hablando de poesía, de novelas, de música… ¿Cree que la cultura sigue siendo nuestra principal ayuda para huir de esta polarización que estamos viendo en la sociedad?

– La cultura es fundamental. La cultura y la información cultural son fundamentales para que el hombre conozca, tenga conocimiento. El conocimiento de quiénes somos, el conocimiento de dónde estamos, el conocimiento de cómo nos relacionamos los unos con los otros, cómo de cercanos y de importantes somos nosotros con otras especies, animales o vegetales. Lo importante que somos respecto a todo lo que nos ocurre, como el cambio climático o como las migraciones, como la contaminación de la tierra, del mar, del aire. Esto es fundamental. Esta información es fundamental porque es la que nos va a permitir tomar decisiones respecto a todo esto y no ser esclavos de aquellos que van a tomar decisiones por nosotros. Y normalmente, generalmente, las tomarán a favor de ellos, no a favor de nosotros. Irán a favor de sus pequeños mundos, sus pequeñas historias. Por tanto, yo soy un tremendo defensor de la cultura y, por tanto, gran defensor de la enseñanza, de la enseñanza pública, de la enseñanza universitaria pública. Es tan importante la cultura que el poder, desde el principio de los tiempos, ha sabido la importancia que tenía y ha sabido preservársela para ellos. El poder ha sido privilegiado siempre por la cultura porque ellos la han retenido, sea el poder civil o eclesiástico, sea el poder del rey o el poder del monasterio. Ellos han tenido siempre la cultura. Igual me estoy enrollando mucho…

– Yo no tengo prisa.

– Así fue y así sigue siendo, porque en el momento en que se produce la Ilustración, que fue muy importante, y la Revolución Francesa, en un momento determinado el hombre parecía que pasaba a asumir la categoría de ciudadano. El poder se dio cuenta de que tenía que hacer concesiones, pero sin soltar la teta. Y el ciudadano se quedó en lo que siempre fue y lo que sigue siendo ahora: el proletario. Hasta que realmente no se produzcan otros cambios, esto va a seguir siendo así. A pesar de que poco a poco se van consiguiendo progresos en nuestras sociedades, a pesar de que los pensamientos más sociales del mundo en que vivimos van avanzando en pequeños ámbitos, siempre ocurre que cada avance lleva un retroceso. Esto es un no parar. Cada vez que hay una conquista, automáticamente se va tirando para atrás. Es decir, que las conquistas son algo que el hombre tiene que proteger constantemente y que no hay que dejarlas en manos ajenas. Tenemos que proteger nuestros espacios de libertad y de progreso, porque si no los protegemos nosotros, no los va a proteger nadie. Es decir, nos los van a quitar. Hoy en día vivimos en un mundo digital, lo sepamos o no lo sepamos. Vivimos en un mundo digital y tecnológico. Y la tecnología y la humanidad, contrariamente a lo que sería de desear, cada vez están más separadas. Es decir, cada vez tenemos menos acceso tecnológico, a pesar de que nos creamos que tenemos un móvil, que tenemos un iPad y que podemos hacer fotografías y mandarnos correos. Todo esto sí. Pero detrás de todo esto está Meta, está Facebook, está Instagram, está Google, está toda una serie de poderes, un poder, no diría fáctico, diría casi… que es el que maneja la tostada. Y cada vez esto se va viendo más. Se nos aparece el mundo ahora de la inteligencia artificial. Todo el mundo cree que la inteligencia artificial es maravillosa. La inteligencia artificial sería maravillosa si hubiera propuestas maravillosas, porque como instrumento es espléndido. Pero ¿quién maneja el instrumento? Según quién maneje el instrumento, eso puede ser perfectamente la pérdida para el ser humano de todo poder de decisión. Porque en estos momentos incluso nos cuentan que la inteligencia artificial es capaz de entenderse con otra inteligencia artificial y entonces ya el hombre no tendría ni cabida en esto. Yo aquí sí que haría punto y replicaría la frase de Antonio Molina: «El futuro, muy oscuro, trabajando en el carbón». Perdón por el rollo.

– Nada que perdonar, lo que pasa que me ha respondido en una a tres preguntas que traía preparadas.

– Es que cojo carrera…

Entrevista Serrat 2
Joan Manuel Serrat durante la entrevista con La Nueva Crónica, el pasado sábado, en Madrid. | JOAQUÍN RICO MARTÍN

– Usted tuvo que abrirse camino en una España complicadísima…

– En una dictadura.

– Ahí iba yo. Ahora tenemos que soportar que haya jóvenes nostálgicos de una dictadura que no vivieron. Antes has hablado de que hay conquistas, como la libertad, que tanto nos costó conseguir y que no podemos dejar en manos de cualquiera. ¿Cree que hay debates que siguen abiertos, que a la gente no le ha quedado claro todo lo que costó conseguir esas libertades, en una sociedad tan polarizada y que va camino de unas elecciones generales?

– A ver, el debate abierto es bueno. Debatir es enfrentar unas ideas con otras con la intención de llegar a un acuerdo. El problema es que hoy en día no existe el debate para llegar a un acuerdo. Nadie quiere llegar a un acuerdo. Es decir, cuando se plantea un plan de vivienda, y voy a tomarlo como ejemplo, se rechaza automáticamente hasta que la necesidad de vivienda entra en un proceso electoral, donde aquí cambian todas las cosas. Yo no he escuchado mucho a nadie decir que es un problema… A ver, sí hay gente que escribe editoriales, pero yo no he leído ni escuchado mucho que se insista en que el problema de la vivienda es un problema estructural que tenemos. Llevamos muchos, muchos años en los cuales ha sido un problema que la sociedad ha ido tragándose, tragándose, tragándose... Y cada vez esto ha ido creciendo, creciendo y creciendo... Yo diría que no tanto por la necesidad, que también, de vivienda, sino por el uso que se da a las viviendas. Es decir, cuando las ciudades se convierten en habitaciones en casas turísticas, luego pisos turísticos, luego habitaciones turísticas... Claro, todo esto hace que lo que tendría que ser una cuestión del paso del tiempo y la transmisión de unos a otros, de herederos, si es que los hay, y que estos herederos siguieran con el espacio habitado, se convierta en otra cosa. Con todo este proceso de degeneración del uso de la vivienda, que controla más que la necesidad vital… La vivienda es una necesidad vital.

– Así lo dice la Constitución, ¿no?.

– Claro. La vivienda es el hogar, aquello donde vive una familia, donde hay un lugar de intimidad, donde hay un lugar de crecimiento de la especie grupal, no un lugar donde va la gente, duerme y se emborracha. La vivienda es otra cosa. Esta otra cosa, la vivienda-hogar, es lo que hace que los barrios se consoliden. La vivienda especulativa, de otro tipo, es lo que hace que los barrios se deshumanicen, que no haya alma en los barrios. No hay alma, no hay tiendas, no hay quien barra las aceras, no hay quien… porque no están. La ocupación del ciudadano, del hombre, de su barrio es fundamental para que aquello tenga vida. Y parece que la única voluntad sea que aquello rinda. Es decir, todo lo que no rinda no vale. Hombre, perdónenme, quizá estamos cambiando los argumentos que deben mover a la humanidad, al menos a una humanidad que tienda a tratar de ser una humanidad progresiva. Es decir, la filosofía no vale. No rinde, no vale. Durante muchos años nos han repetido que la filosofía no vale. Pues, oiga, yo creo que sí, porque solamente esto es lo que te permite razonar, te permite hablar con criterio, la expresión oral, comunicarte, la forma de expresarte, la oralidad es algo muy importante que también pierde valor y forma parte de nuestra identidad, cada uno la suya. Se deteriora si no trabaja. A mí no me gustan esas situaciones en las que una persona te empieza a contar algo y termina diciendo: bueno, tú ya me entiendes. No podemos permitir que se pierda también la oralidad.

"El desarrollismo nacional católico despistó a muchos. Si sus padres les hubieran contado los horrores de la guerra, hoy no habría jóvenes nostálgicos de una dictadura que no vivieron"

– Pero nos hemos saltado el tema de los chavales que echan de menos una dictadura que no vivieron.

– Eso. No me creo lo que se empeñan en manifestar ciertas publicaciones, ciertos mantras. Yo no los conozco a estos. Puede ser que haya gente que se preocupe de manifestar algo así, sobre todo por eso que llaman redes y que, como todo lo tecnológico, es algo que podría ser magnífico y se ha convertido en algo vomitivo. Los chicos que se manifiestan por esto, yo los veo poco, a no ser la ultraderecha. No los veo. En las otras manis sí que veo a muchos jóvenes. En las manis de la enseñanza, esta semana, vi, a miles de jóvenes aquí en Madrid. Tú lo has dicho, no lo han vivido y no saben lo que es una dictadura. Sus padres son estas generaciones que han vivido en este desarrollismo nacional católico que despistó a mucha gente, pero la generación de mis padres, que serían los abuelos de estos, no les han contado la realidad de la guerra, les han escondido la crueldad de la guerra. Los perdedores vivieron en el miedo durante muchos años, pero los medios de comunicación se ocuparon muy mucho de dividir a vencedores y vencidos, porque lo recordaban constantemente. Y yendo más allá, hasta que cae la dictadura, el trato a la mujer, aparte de ser machirulo, era vejatorio. Las chicas no sé si saben que sus abuelas no podías tener una cuenta corriente si no la firmaba su marido, que sus abuelas no podían tener pasaporte si no lo autorizaba su marido, que si tenían relaciones fuera del matrimonio sus abuelas iban a la cárcel, pero sus abuelos no si hacían lo mismo, su acceso a la universidad existía pero para una clase selectiva, muy mínima. Quizá piensen que les estoy hablando de la prehistoria. Hay gente que pregona la libertad, que dice que nos van a devolver la que según ellos nos quitado estos últimos años, esos mismos… son los que hacían estas cosas con respecto a las mujeres. Pero es que fue antes de ayer, resulta increíble que haya que recordarlo. Si sus padres se hubieran ocupado de contárselo, si es que sus padres tienen memoria, si no han aprendido la memoria en los programas de televisión que hayan visto después del año 76, si sus abuelos se hubieran ocupado de contarles los horrores de la guerra, la represión que no acabó con la guerra, sino que Franco siguió fusilando gente por razones políticos hasta los setenta, es decir, cuarenta años después de la guerra. Si se hubieran ocupado de contarles todo esto, quizá estos chavales  no pensarían lo que piensan.

"Siempre hay una gota que colma el vaso. Siempre hay una mariposa cuyo vuelo desencadena una catástrofe, el precio de una verdura que desencadena la guillotina"

– ¿Qué cree que puede ocurrir en estas elecciones?

– Ojalá dentro de cincuenta días podamos ver que es cierto eso de que siempre hay una gota que colma el vaso. Siempre hay una mariposa cuyo vuelo desencadena una catástrofe, el precio de una verdura que desencadena la guillotina. Siempre pasa esto. Lo que hace falta es que la gente atienda a lo que pasa a su alrededor, a las cosas que le son personales, íntimas. Que atienda a cuánto le cuesta la fruta, a qué precio están las verduras, la gasolina o el alquiler, especialmente los alquileres, porque ya no hablamos de comprar una vivienda. Que piense cuánto le cuesta cada año comprar todo lo necesario para que sus hijos vayan a la escuela o cuánto le cuesta irse de vacaciones. Que se pregunte cuánto le afectan todas estas cuestiones, a qué se deben y dónde están los responsables. Cuando la gente sienta que la política es algo que le afecta directamente, en su día a día y en su bolsillo, que no es algo visceral ni algo que queda colgado en el limbo, quizá las cosas cambien. Hay que pensar y razonar, no caer en la trampa de echarle la culpa a uno determinado. Porque, si no, sería demasiado sencillo.

– Yo tengo una sensación con estas elecciones. Vengo de una ciudad como León, que es una ciudad pequeña. El problema de la vivienda es global, pero no afecta de la misma manera a León que a Madrid, Barcelona o las grandes ciudades. El porcentaje de viviendas en alquiler y los precios no son comparables. Por eso, al final, tienes la sensación de que todo esto se ha desencadenado por un problema un poco ajeno a nuestra realidad.

– Pues que la gente mire sus propios problemas, porque seguro que los tiene y los siente en sus propias carnes.

– Sí, desde luego, si hay un millón de problemas. Pero parece que el desencadenante de estas elecciones ha sido el precio de los alquileres en Madrid.

– ¿Y el desencadenante de toda la crisis forestal que ha tenido León, Castilla y León, dónde está? ¿Está en el calor o está en la desatención que han tenido los bosques durante años y años, sin guardias forestales o con cuatro guardias forestales y diez desgraciados a los que les ponen un uniforme? ¿En qué está? Que escarben, porque si los responsables de estos asuntos se van constantemente de rositas, es normal que la gente acabe desnaturalizándolo todo.

– ¿Y cómo se puede evitar esa situación?

– Yo creo que lo que necesitamos es escuchar, aprender a escuchar. Todo el mundo tiene que aprender a escuchar. Y, sobre todo, aprender a descifrar la mentira. No permitir que la mentira se instaure. Y esto es algo que se está instaurando muchísimo. Las redes se han encargado de ello, pero incluso sin utilizar las redes existe una tendencia a atacar al adversario, al que piensa de manera contraria. Como no podemos cambiarle el argumento, lo atacamos a él. En lugar de discutir lo que está diciendo, empezamos a señalarlo: que si este señor es un ciego, que si su padre era esto o aquello… Se trata de desnaturalizar al individuo. Y cuando ya lo tienes completamente desacreditado, lo apartas y la gente empieza a decir que si es maricón, que si es negro, que si es judío… Al final, en lugar de solucionar el problema, lo que haces es joder al otro. Y el problema sigue exactamente donde estaba.

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