A veces, los vínculos entre generaciones tienen el mismo sonido que el que emite el gesto de destapar un spay. A veces, el olor característico a pintura alegra tanto a los mayores como a los que no lo son tanto. A veces, posar un rato la mirada en una pared se torna en todo un placer para la vista.
Es la reacción habitual de los sentidos de quienes aterrizan en San Pedro Bercianos; un pequeño rincón del Páramo leonés que, desde hace unos años, es sede y escenario para el festival Suco. De su mano, la localidad ya cuenta con 49 intervenciones artísticas entre murales de todo tipo y esculturas. «Nuestra idea es que cada vez haya más variedad», refleja Iván Pañeda Sarmiento, uno de los impulsores de la iniciativa.
Habitual entre estas páginas, el leonés cuenta que, en esta cuarta edición, el total de obras realizadas en el pueblo superó la docena, siendo sus creadores no sólo artistas locales, sino también personas llegadas de Alicante, Murcia, Valladolid o Barcelona. «Como ya tenemos un pequeño recorrido, la gente quiere venir; se hablan entre ellos y son ellos los que nos envían propuestas», explica: «Este año tuvimos cerca de 40 propuestas, entre las que terminamos eligiendo 13».
Y es que los organizadores de Suco quieren mantener el festival como «algo familiar» que no tienda a la masificación. «La idea es centrarnos en cosas que vayan más allá del muralismo y en las que participen los vecinos», añade: «Ese es uno de los pilares fundamentales: que durante el evento haya una forma de participación activa, que sea un festival al que la gente venga a crear».
Los primeros en participar son siempre los vecinos, que forman parte de la selección de propuestas al conceder a alguna de las paredes de su hogar la condición de lienzo. Al trabajar, también, mano a mano con los artistas, a los que ofrecen aportaciones en forma de comentarios o simples observaciones que acaban dotando de nuevas perspectivas a un mural.
Es lo que ocurrió, por ejemplo, con el dedicado a Fermín, «el último pastor» de San Pedro Bercianos. «Cecilia (Aistazaran), un chica mexicana que vive en Barcelona, en un principio tenía la idea de pintar un paisaje», relata Pañeda, que acompañó a la creadora en un paseo por el pueblo cuya intención era «inspirarse»: «Conoció al pastor del pueblo y, al final, decidimos hacer un mural de Fermín». En sus palabras, eso es lo que busca Suco: «que haya una conversación entre la obra y el entorno». También, entre el hacedor de la obra y quienes habitan el entorno. «Es mucho más bonito venir a conocer el sitio y pintar algo que te inspire, que no traerlo de casa y que sea una idea un poco más fría», considera.

Así se vio Fermín, con sus setenta años, reflejado por primera vez sobre un muro de su pueblo en forma de pintura. «Está contento», dice Pañeda: «Al final, es una manera de representar y dar valor a la ganadería». Confiesa el leonés que, «de primeras», pensó que el pastor «iba a tener vergüenza». Nada más lejos de la realidad. «Pasó mucho por allí a ver cómo pintaba e hizo muy buenas migas con Cecilia», revela: «Eso es lo bonito: que los artistas conozcan a los vecinos y se generen este tipo de vínculos».
No es la primera vez que ocurre. Desde la primera edición del festival, un grupo de andaluces se convierten en habitantes temporales del pueblo. Se hospedan en casa de Fermina, a la que han adoptado como su abuela leonesa. O quizá es ella la que les adopta y recibe cada año como si fueran sus propios nietos. «Es la madre de Fonso, que es una de las personas más activas del pueblo: hace muchas intervenciones artísticas y crea mucho por el pueblo», explica el impulsor. En la puerta de su taller, reside desde esta edición el dibujo de uno de los más de un millar de aviones que Fonso realiza con latas de cerveza, alumbrado por uno de los artistas en una suerte de homenaje. Otra de las muralistas participantes, Basi Bubufly, quiso representar en su obra a la propia Fermina.
Se cumple de esta forma la base fundamental que es cimiento para el festival: que el arte emane del entorno; unificar ambos en una forma de fusión que saca lustre a la influencia de un espacio en sus moradores y viceversa. Todo a través de un evento que cada año congrega a más personas; que se ha ido convirtiendo, paulatinamente, en todo un reclamo para los visitantes. «Cada vez se nota más que viene gente a ver el museo al aire libre de Suco», apunta Pañeda. Él, junto al resto de organizadores, dará por finalizado en los próximos meses «un mapa con detalles artísticos que incluirá todas las obras de los artistas que han venido durante todos estos años», desarrollando así «un recorrido para que la gente que venga pueda ver todas las obras del pueblo».
No es el único fin de la propuesta, que quiere convertirse en «algo más allá de un mero evento». «Uno de nuetstros objetivos a largo plazo es llegar a poder hacer una residencia de artistas aquí», explica el leonés: «Que haya una actividad anual a lo largo de todo el año en San Pedro, que vengan artistas, tener un espacio para alojarlos y que intervengan en cosas del pueblo». Es esta, a su modo de ver, «una buena manera de mantener vivos los pueblos» a través de una especie de efecto mariposa que deja relegada la meteorología para centrarse de lleno en lo social. «Traes cultura y la gente viene y, al haber gente, también hay servicios», enumera Pañeda: «Es nuestra manera, a través del arte, de apoyar a los pueblos para que no se queden vacíos».
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.