Los reyes de León y de Asturias ‘veranean’ en Boñar

Carlos Saldaña expone treinta y ocho cuadros durante los meses de agosto y septiembre

Gregorio Fernández Castañón
22/08/2026
 Actualizado a 22/08/2026
El artista Carlos Saldaña. | GREGORIO FERNÁNDEZ CASTAÑÓN
El artista Carlos Saldaña. | GREGORIO FERNÁNDEZ CASTAÑÓN

Y uno, yo mismo, al visitar su «palacio» (edificio de usos múltiples o de las viejas escuelas), se da cuenta rápidamente de la gran riqueza de sus ropajes y de los sorprendentes espacios en los que, altaneros ellos, invitan a la vista a unirse a la fiesta del color. No es un ligero matiz, es un concierto de grandiosas sinfonías que salen a tu encuentro para sorprenderte… gratamente. Es una exposición con treinta y ocho motivos (24 reyes de León y 14 de Asturias) que te incitan a recorrer la historia de un Viejo Reino (el de León) y el del primer reino cristiano (el de Asturias). Sus protagonistas, todos ellos, están en Boñar y son obra de Carlos Saldaña, que empleó más de tres años en hacer realidad este sueño. 

Todo empezó –me ha comentado el autor– con la reina doña Urraca en el año 2021. «Me fascinó la historia de este personaje –me dijo– y le cogí tanto gusto a todo ello que continué con otros reyes, hasta llegar al último; no el último rey de León, entiéndeme, sino el último que realicé: Alfonso I ‘El Batallador’, rey de Aragón, de Navarra, de León y de Castilla, consorte de la reina doña Urraca por muy poco tiempo, como bien se sabe. Lo finalicé en el año 2023. Fueron llegando, después, poco a poco, los reyes de Asturias». 

La acuarela de Doña Urraca.
La acuarela de Doña Urraca.

Tres años, repito, para llevar a los reyes de León al papel. Papel, sí, no lienzo, porque la técnica utilizada por Carlos Saldaña fue la acuarela. Y lo hizo tan bien que realmente sorprende por sus muchos matices: infinitos colores conseguidos únicamente con el color negro y los cuatro básicos (rojo, amarillo, verde y azul) y, sobre todo, múltiples detalles. Detalles muy difíciles de realizar, lo adelanto, por cuanto los pigmentos diluidos en agua solo entienden del buen pulso y de la mejor paciencia para hacerse realidad sin corrimientos que desemboquen en el fracaso más absoluto. Aquí, en las acuarelas, el agua ordena y manda. Y el orden, bien se sabe, se inicia con los tonos muy diluidos para llegar al oscurecimiento total. El blanco de la cartulina ni se toca, o se toca superficialmente para darle determinadas texturas sin perder su total virginidad. 

Visto lo visto, Carlos Saldaña, en la modalidad de la acuarela, es todo un maestro. Palabra que yo aseguro y que utilizo, al mismo tiempo, para ponerle «a prueba».

La acuarela de Don Pelayo.
La acuarela de Don Pelayo.

«Básicamente empleo tres pinceles, aquellos de los números 0, 1 y 2. El del «cero» lo tengo tan desgastado que ya solo conserva… un pelo» –y se ríe; nos reímos, porque yo añado que ‘tiene que ser el pelo de un no tonto’ para conseguir tantos vistosos logros–. Con él, con este pincel, logra hacer maravillas. «Borda» las telas de los personajes, las cortinas y las alfombras; añade tramas a los lujosos suelos marmóreos o a las celosías de las paredes, y lleva la luz y los brillos a las coronas, anillos, cetros o armaduras (espadas reales). Espectacular. Tanto que hacía mucho tiempo que yo no disfrutaba de una colección de acuarelas con esta perfección. Y es que allí todo me pareció grandioso. Todo, como, además de lo ya destacado, el resultado de las perspectivas (de este delineante, el autor, con treinta y tres años en la profesión), los efectos del metal (con sus brillos) o la profundidad de los fondos (sean cielos claros u «oscuras cavernas» que marcan o delimitan unas simples cortinas, justo detrás del personaje). 

Carlos Saldaña fue fiel a los «retratos» de los reyes ya existentes en el Ayuntamiento de León o en el Museo del Prado, con una excepción: «Al no encontrar imagen alguna sobre Alfonso Froilaz, rey de León por unos meses, desde el año 925 al 926, tuve que inventarme al personaje, su pose, el ropaje y los complementos» –me aseguró. 

Y yo confirmo que Alfonso Froilaz es uno más, que en nada enturbia esta colección de cuadros. Obras espléndidas que durante los meses de agosto y septiembre (han prolongado el tiempo de exposición debido al éxito de público) se pueden admirar en Boñar, la villa más guapa (y por donde más corre el agua). ¿Te la vas a perder?

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