En el verano de 2024, Cristina Flantains publicó en este periódico una novela por entregas, recurso que fue habitual durante mucho tiempo en la prensa de todo el mundo pero que desde hace un tiempo parece haber desaparecido de la mayoría de medios, digitales o impresos en papel. Llevaba por título ‘La llave’ y ahora ve la luz en forma de libro de la mano de Marciano Sonoro Ediciones y se presenta este lunes 11 de mayo en la sala Región Leonesa del Instituto Leonés de Cultura (calle Santa Nonia, 3) a partir de las 19:30 horas.
Colaboradora habitual de este periódico, residente en Castro del Contado, Cristina Flantains aborda en esta entrevista diferentes aspectos de su particular ‘llave’.
– La novela transcurre en apenas cuatro días en León. ¿Por qué elegir una estructura temporal tan concentrada y qué te permitía narrativamente esa intensidad?
– El hecho temporal es de una importancia capital en todos los ámbitos de la existencia. Literariamente hablando, una secuencia temporal acertada refuerza la verosimilitud de la historia. La idea de la brevedad tanto en el tiempo como en la extensión de la obra responde a que cada detalle, cada palabra cada minuto es imprescindible. A veces las transiciones lentas no hacen más que opacar la idea que se quiere transmitir y esto es un riesgo que no me apetecía correr. Creo que también ayuda a que el lector sea empático con los personajes ya que va experimentando la acción al mismo tiempo que ellos sin interrupciones. La fuerza dramática se mantiene constante y sin peligro de que agote al lector. Y es posible que resulte más divertido así porque el lector tiene las herramientas para poder imaginarse lo que no se cuenta y cuando el lector pone en marcha su imaginación… eso no hay texto que lo mejore. Hay que dejar espacio a la imaginación para que cada uno acabe la construcción del relato, a su medida. También tiene que ver que esta narración nace convocación de relato, no de novela.
– El símbolo de las llaves atraviesa toda la historia. ¿Qué representan realmente esas llaves: poder, intimidad, control… o algo más ambiguo?
– Sobre todo control. La clave es la llave. Si Pilar no se hubiese desprendido de ella. Si Daniel hubiera actuado un poquito más honestamente con ella. Si Martin no la hubiese codiciado. Si Javier nunca la hubiera guardado. Si Andrés no la hubiese despreciado, si Domi no la hubiese deslizado por debajo de la puerta… Cada personaje se define a través de la llave. De cómo la gestiona, de cómo la concibe.
– Tus personajes parecen gente corriente, pero arrastran conflictos muy profundos. ¿Te interesaba más retratar lo cotidiano o desmontar la idea de normalidad?
– Creo que mis personajes son gente corriente y normal. No conozco a nadie que no tenga un punto de partida en ‘algo’ que no entrañe cierta violencia, otra cosa es que sea capaz de reconocerlo antes o después a lo largo de su vida. El trabajo personal está en desuso, una puede morir de vieja sin tener ni idea de quién es realmente ni de quienes son los seres que están alrededor de ella. En general los seres humanos caemos más en lo que nos gustaría ser que en lo que somos. El en qué nos gustaría ver más que en lo que realmente vemos. Hay un personaje secundario en la novela, la madre de Martin, en la que se describe muy bien esto. Prefiere pasar por viuda por muchas razones. Y seguramente también tenga una idea sobre su hijo que no corresponde con la realidad, vive mejor así, obviando ciertas cosas. Es posible que, en esta historia, si sacamos de la ecuación el final, se convierta en una historia cotidiana. Precisamente ese final tiene como objetivo poner el foco en que lo que está pasando no está bien. Si en vez de ese final se arrastrara la acción hacia una situación normalizada, pasaría por una realidad cotidiana, una más de tantas y tantas que pasan detrás de los muros de cada casa y que en ocasiones, más de las que nos gustaría, son tremendas.
– Hay una sensación constante de tensión emocional, casi sin ‘descansos’. ¿Buscabas deliberadamente incomodar al lector o simplemente seguir la lógica de los personajes?
– Bueno, al lector a mí me parece que hay que tratarle con mimo exquisito. En ningún momento quiero incomodarle, sí hacerle reflexionar y a partir de ahí, si se siente incómodo es cosa suya, no mía. Aquí, quizá, es el momento de apelar al trabajo personal del que hablábamos antes. La novela se puede leer desde el punto de vista de la anécdota y es entretenida y, a ratos, creo que divertida o se puede estar alerta para descubrir qué significa que este personaje me caiga peor y este mejor. Por ejemplo, para mí el personaje más nefasto de toda la novela es Daniel, porque entiendo que si hay una acción que verdaderamente puede cambiar el transcurso de los acontecimientos está en sus manos. Pero esa mezcla entre egoísmo y cobardía no hace más que llevarle a tomar decisiones equivocadas que arrastran a todos los demás. Sin embargo, en general es uno de los personajes que mejor cae al lector, por lo que me dicen los que lo han leído hasta ahora.
– La historia tiene relaciones cruzadas —amor, amistad, traición— que nunca son del todo limpias. ¿Crees que la novela habla más de vínculos o de soledades?
– De soledades, sin duda ninguna. Hay un amago de acercamiento entre Domi y Pilar que rompe esta maldición, por decirlo de alguna manera. Cuando salen de la cafetería Domi le dice que va con ella, que no la va a dejar sola ante el peligro. Ambas tienen la misma idea sobre el futuro de la situación y es bastante realista: se ponen en lo peor. Hay un gesto de sororidad ahí. Supongo que entre que salen de la cafetería y llegan a la casa ese vínculo se refuerza. Ese tramo da para contar otra historia cuyo final puede ser el momento en que Pilar introduce la llave en la puerta de su casa para afrontan este destino juntas. Ese tramo es una de las situaciones, entre otras, que resuelve el lector solo. Cada una de nosotras las dejamos llegar a la casa de Pilar, a nuestra manera.
– León no es solo escenario, sino atmósfera. ¿Hasta qué punto la ciudad condiciona a los personajes?
– León pone el frio psicológico y físico que está impreso en el carácter de los personajes y en el ambiente. León pone la atmósfera. Cuando yo recreo cada escena lo hago en un escenario real, es mi soporte y acompaña a la trama como un personaje más.
– Publicar por entregas es una decisión muy poco habitual hoy. ¿Cómo ha condicionado eso el ritmo, los finales de capítulo y la forma de enganchar al lector?
– Charles Dickens, Benito Pérez Galdós, Alejandro Dumas, Víctor Hugo… publicaron por entregas, aunque movidos por otros motivos, claro. Lo que me animó a esto fue el buen talante y el especial interés que tiene La Nueva Crónica de León con los ‘hechos’ culturales de la provincia de León, era una oportunidad que no se podía desaprovechar. Si buscas lectores dónde más los hay es en la prensa. Yo busco lectores. En León los creativos, ya sea en el mundo de la literatura o en otras disciplinas tenemos una suerte enorme de contar con alguien que siempre vuelca en nosotras una mirada de aceptación y respeto por nuestro trabajo y está dispuesto a señalarnos, a auparnos por unos instantes por encima de todo el ruido: La Nueva Crónica de León. La novela llevaba años en el cajón, había hecho algún amago para intentar publicar en los que finalmente no insistí porque había algo que me decía que no era el momento. Un día se me ocurrió a raíz de un relato que se publicó en la sección de Cultura. Me pareció una idea interesante y La Nueva Crónica me dijo que sí… pues ya no hubo marcha atrás. Desmontar la novela para organizar el inicio y el final de cada capítulo fue un trabajazo al que me ayudó Isabel Barrionuevo Almuzara. La que estoy enormemente agradecida. Además, cada entrega iba con imágenes. Entorno al texto se movieron cuatro ilustradoras: Rosa Berlanga Benito, Esperanza Carretero Marugán, Mari Fé Gil Vicente y Diana Espinoza Sandoval. De una generosidad todas ellas conmovedora. Estas cinco mujeres junto con la experiencia de publicar por entregas construyen una historia que transcurre al calor de la novela que, por si sola, ya es una grandísima razón de ser para La llave. Pero esto es otra historia…
– Has dicho que es una historia con «pocas alegrías». ¿Qué querías que le quedara al lector al cerrar la última entrega: inquietud, reflexión, reconocimiento…?
– Que haya tenido el valor de reconocerse, en algún momento, en alguno de los personajes.